Hace podo empecé a leer una biografía de San Vicente de Paúl escrita por el P. Vicente de Dios. Me ha sorprendido mucho, tengo que admitirlo, pues este santo poco conocido en México, optó radicalmente por los pobres. Estos no fueron su opción preferencial sino su opción exclusiva, a decir de su biógrafo. Y a ellos se entregó en cuerpo y alma durante toda su vida, hasta que finalmente la muerte llegó. No m meteré en cuestiones religiosas en las que no soy ni especialista ni experto, sino en comentar la vida de este ser humano, de carne y de hueso, que sintió una enorme compasión por los pobres y los desposeídos de su época. Actitud que resalta más aun hoy en día, en que el hedonismo,la vaciedad espiritual, la falta de compromiso y solidaridad se hacen más que evidentes entre los sectores medios y altos de la sociedad en todo el mundo occidental. San Vicente de Paúl fue un hombre realista que pudo reconocer las características propias de los pobres y que sin embargo, lejos de criticarlos o desvalorarlos, los consideró las víctimas de la miseria de la sociedad. Y si de algo los considero responsables fue de que con su trabajo, su esfuerzo, su sudor, su sacrificio, nos daban de comer a todos los demás. "Vivimos del sudor de los pobres" dijo el Santo en algún momento y con toda razón, adelantándose muchos años al la idea de la expotación del hombre por el hombre que expuso Marx. Pero a diferencia de este último, San Vicente optó por la vía no violenta. San Vicente no llamó a la rebelión ni a la revolución, ni se refirió a la lucha de clases, sino que miró el problema desde una óptica integradora y pacífica, tratando de despertar conciencias y solidaridad entre los hombres de muy diversa condición social. El Santo también reconoció cuan difícil es despertar esas conciencias para los que no sufren de la pobreza endémica y extrema. Se dió cuenta que, "... los hombres ...fácil y acaso inconscientemente, nos ponemos muchas veces no del lado sino en contra de los pobres. Incluso automáticamente. Porque se puede trabajar por los pobres sin conectar anímicamente con ellos." (Vicente de Dios, 2009, p. 261) lo que explicó sosteniendo la idea de que, lo que nos hace tomar esa actitud en contra de los pobres y de la teología o las políticas favorables a ellos, "Y es que el miedo secreto a ser despojados se revela de mil formas." (Vicente de Dios, 2009, p. 261) . El hombre de hoy, consumista, hedonista, autocomplaciente, se aferra tal vez más que nunca a sus pequeñas o muchas riquezas, debido en muchos casos al trabajo que le ha tomado conseguirlas, pero aun más, debido a le constante bombardeo de los medios de comunicación que le dicen que la felicidad radica en llenarse irracionalmente, neurótica y compulsivamente, a todo tipo bienes materiales y al supuesto reconocimiento social que da tenerlos, "cuanto tienes, cuanto vales" dice la ideología procapitalista.
De ahí entonces la necesidad de muchos nuevos San Vicente, que no necesariamente tienen que ser ni sacerdotes ni monjas, ni católicos, ni siquiera cristianos, pero si plenamente consientes de su humanidad y de que en la escala de los valores el ser humano, la mujer, el hombre, los niños y los ancianos están en primer lugar y por encima de todo lo financiero y material. En un mundo donde la esperanza de vida supera ya los 75 años de edad y que considera laboralmente hablando a una persona de 40 años como vieja y desactualizada, hacen falta muchos hombres y mujeres como San Vicente o Santa Luisa, que despierten conciencias por la vía más adecuada que es haciendo obras, actuando en el mundo, poniendo el ejemplo de que somos mucho más que factores de la producción o entes consumistas y de que podemos ser solidarios con nuestro(a) prójimo y que serlo redundará en nuestro beneficio colectivo. Desde un punto de vista sociológico este tipo de hombres y mujeres mucho pueden hacer para evitar el derrumbe de esta sociedad occidental sumida en una crisis que más que financiera es espiritual y moral. No importa tanto su religión o afiliación política, aunque la coherencia entre teoría y práctica es importante, sino sus sentimientos, actitudes y hechos, sus obras para resumir.
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