miércoles, 11 de enero de 2012

Orden y libertad

Uno de los problemas políticos más difíciles de resolver, sociológicamente hablando,  es el  que se presenta entre el orden y la libertad.  Conciliar entre ambos elementos es muy difícil, pues parecen en la práctica social y política contrapuestos. Igual cosa sucede en el campo de lo económico. A tal grado que los propicio economistas antimarxistas, tuvieron que acabar reconociendo, no sin mucho desagrado y disgusto, la existencia de crisis recurrentes en el sistema económico capitalista. Igual cosa ha sucedió en el campo político, donde las crisis han dado lugar a la llegada de gobiernos autoritarios y despóticos, a verdaderas tiranías, y cuando estas entran en crisis, a gobiernos más abiertos y tolerantes. ¿Por qué es tan difícil conciliar? Porque, por un lado, el afán de orden lleva a la intolerancia, a las visiones únicas de la realidad de quienes detentan el poder, porque se trata de igualar a todos en creencias, en ideología, en pensamientos e ideas. Se cree poder llegar a un estado en que todos piensen lo mismo y vean el mundo de la misma manera. Por el otro, porque la libertad, supone diferencias de pensamiento que pueden llegar  a ser tan grandes que se vuelven irreconciliables, y consecuentemente antagónicas. Libertad supone necesariamente la posibilidad de la diferencia en el pensar, en el sentir, en el mirar y analizar la realidad. De lo que se desprende la capacidad de tolerar y negociar, de llegar a acuerdos. En la libertad no hay verdades únicas ni últimas. Hay un alto grado de relatividad, que no es muy bien vista por muchos. También significa reducir al mínimo el uso de la fuerza y la coerción. Mantener  el orden en una sociedad dictatorial no es muy difícil, en tanto existan válvulas de seguridad que disminuyan las tensiones y la presión, pero mantener el orden en una sociedad libre y abierta es una cosa muy distinta, pues supone un amplio respeto a los derechos humanos individuales y colectivos, y la existencia de una ley que en lugar de reprimir y castigar, establezca limites y posibilidades de acción y pensamiento. La verdad sea dicha, hasta hoy no se ha encontrado la fórmula que solucione la oposición orden - libertad, pero también es cierto que los seres humanos no han dejado de buscar la receta para logra conciliar ambos elementos constituyentes de la vida social, política y económica. Se puede partir del orden para luego dentro del mismo, otorgar la mayor libertad posible, pero también se puede partir de la libertad para a partir de la misma generar un orden determinado. No se cual pauta sea la mejor, lo que parece ser cierto es que se necesita tanto de la libertad como del orden, no se puede vivir sólo con uno de esos dos elementos. En todo caso, será el estudio de una sociedad real, viva, la que nos de la guía de por dónde entrarle a este problema, tan viejo como la humanidad misma.    

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