Hay que insistir en que la eliminación de materias de corte humanístico de los planes oficiales de bachillerato de la Secretaría de Educación Publica mexicana (SEP) es un verdadero atentado contra el pueblo de México. Pues se trata de un intento más de mantener al pueblo sometido y en la ignorancia, indefenso antes los ataques de los discursos oficiales del gobierno y las grandes empresas trasnacionales.
Es un acto de amanzamiento, para que el pueblo sea incapaz de pensar pos sí mismo y encuentre salidas diferentes al modelo económico político y social que se nos ha impuesto desde el mal llamado primer mundo, especialmente Estados Unidos y los organismos económicos y financieros internacionales. Quitar filosofía, estética, lógica, ética de los planes de estudio porque son materias que no producen ganacias económicas, es producto de mentalidades abyectas, sometidas al capital transnacional Mentalidades tecnócratas que no ven más allá de su propia nariz, y que carecen de la más mínima conciencia social y patriótica. estas mentalidades creen que el único fin de la educación es crear obreros, técnicos, administradores, ingenieros, contadores que sean capaces de producir y generar ganancias monetarias y servir a los intereses de la alta burguesía. No ven, o no quieren ver que la educación (y el sistema educativo) debe tener por fianlidad metas mucho más amplias y generosas, tales como hacer seres humanos íntegros, con principios y valores morales que les permitan la convivencia pacífica y armónica en sociedad. Que les permitan ser buenos esposos, padres (o madres) de familia, tíos, hermanos, sobrinos, amigos de los demás. Y claro también con capacidades para el ejercicio de un oficio u profesión, que les permita vivir con honradez y dignidad. Aun más, lo que la educación debe buscar es hacer gentes pensantes, creativas, imaginativas, racionales, capaces de generar convicciones propias y elegir libremente su camino en la vida, sin importar a que se dediquen. Pues sólo así la sociedad puede avanzar y progresar. La educación debe liberar para ser parte de la solución de los problemas de nuestra sociedad, pero la tecnocrácia neoliberal con su miope visón de las cosas quiere que la educación nos encarcele y nos limite a ser reos del capital, del consumismo, de la propaganda y la publicidad de los medios de comunicación y las grandes empresas comercializadoras. Para el neoliberalismo el único destino posible para millones de seres humanos es ser prisioneros en la cárcel de oro de sus empresas multinacionales globalizadas. Por ello, para estos tecnócratas neoconservadores, la filosofía en particular y las humanidades en general son peligrosas, pues hacen que el hombre adquiera consciencia de su situación y se convierta en un buscador rebelde de posibilidades alternativas, en un crítico, en un cuestionador, de este orden social opresivo y carcelario. La receta neoliberal es muy sencilla, no enseñara a pensar, sino educar pata obedecer ciegamente, sin cuestionar, sin alzar la voz, sin mirar más allá, sin reconocer la propia humanidad.
Así pues haber quitado la filosofía y las humanidades de la educación media superior es un acto de la más pura barbarie.
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