Ciertamente los datos que aportan las ciencias sociales sobre la realidad mexicana son muy importantes y valiosos. Sin embargo, a partir de ellos, se hace necesaria una reflexión de tipo filosófico que responda a las preguntas que surgen de los datos. No basta saber las preferencias electorales sobre partidos o candidatos, o el índice de la inflación, o las estadísticas sobre desempleo, subempleo, o quienes se han dedicado a la delincuencia, etc. Hay que ir más allá para poder ir no sólo a descubrir las causas de dichos fenómenos, sino para poder entender la clase de mundo en que estamos viviendo. Y todavía más, saber si este mundo nos gusta o si lo queremos dejar como está o lo deseamos cambiar o mejorar. Sí, mejorar, hacerlo mejor, hacerlo no solo más vivible sino hacerlo feliz, un lugar para vivir felices. Por ello es necesario ir más allá del dato, de la información, para tratar de avanzar en sentido que acabamos de indicar, hacer del mundo un lugar digno en el cual vivir felices. Es necesario ir más allá del método científico y sus limitaciones, para pensar más abiertamente y en mayor profundidad. Cuando se vive una situación como la que hoy nos presenta el mundo en general y México en lo particular, cuando se nos quiere imponer la lógica y la racionalidad económica y cuando a partir de ellas se nos quiere reducir a factores de la producción, a consumidores, o simples números en el calculo económico, cuando la moral se quiere limitar a las reglas del mercado, se hace necesaria y urgente la reflexión filosófica, para preguntarnos y cuestionarnos en que clase de seres humanos nos estamos convirtiendo y a dónde nos lleva eso. Qué clase de sociedad estamos conformando y si es moral tanta desigualdad e injusticia. También, sobre que parámetros deberíamos conformar una nueva posible sociedad y que lugar le correspondería en ella a la economía, a la política, a la cultura, el medio ambiente, la vida, la salud, la educación, la familia, etc.
Los tiempos que corren demandan la reflexión filosófica renovada. Y para eso hay que enseñar a filosofar, porque como dice Xavier Ortíz Monasterio, en la medida en que la filosofía tiene que ver con el valor y el sentido que le damos a la vida, en la reflexión filosófica nos jugamos precisamente esta, tanto a nivel personal como social. Y hoy hay que reflexionar sobre la sociedad antes de que se vaya a pique, como parece que está sucediendo, antes de que entremos en una nueva era de oscurantismo, en una nueva edad media cuyo dios sería la economía, esa ciencia de tan dudosa utilidad, dadas sus endebles fundamentaciones y su soberbia. Hay que hacerse las preguntas pertinentes, hay que poner en duda las "vedades" incuestionables supuestamente resultado del trabajo científico o el sentido común. Y hay que cuetionarse el verdadero valor de la ciencia y la tecnología, para ponerlas en su lugar respecto al hombre. En este 2012, año de elecciones a nivel nacional y de grandes convulsiones a nivel mundial, hay que ser capaces de pensar, a partir de la reflexión filosófica, que país queremos, que mundo deseamos para nosotros y nuestros hijos, lo cual supone necesariamente un talante ético.
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