Hace años, Felipe Calderón, entonces aspirante ala candidatura a la presidencia de la República, por parte del Partido Acción Nacional, acusaba a Andrés Manuel López Obrador des ser un peligro para México, y se señalaba al Partido de la Revolución Democrática (PRD) como un partido agresivo y violento. Estas idead fueron secundadas por el entonces presidente Vicente Fox y su esposa Martha Sahagún. El tiempo pasó y la verdad cayó por su propio peso. La agresividad, la violencia, la intolerancia han venido de quienes se llamaban así mismos demócratas y se consideraban orgullosamente como demócratas cristianos. Hoy se ha vuelto insostenible que Andrés Manuel López Obrador es el abanderado de la violencia, enemigo de México. También se ha vuelto insostenible la idea de que AMLO es un sumiso seguidor del presidente Chávez y tantas otras mentiras que desde el gobierno de Fox primero, y de Cladrón después se difundieron con el fin de engañar a la opinión pública nacional e internacional. 60,400 muertos avalan que el discurso oficial ha sido una patraña. Ni López Obrador es un peligro para México, ni ellos son demócrata cristianos, pacifistas, amantes defensores de la patria. Por supuesto AMLO tampoco es el comunista que nos han pintado. Baste leer con cuidado los discursos y pronunciamientos de AMLO para darse cuenta de que, en el mejor de los casos, es un discurso liberal de izquierda, pero liberal al fin, y que por lo tanto, no cuestiona a fondo los valores y principios liberales y capitalistas con los que vivimos actualmente en nuestra sociedad. No se cuestiona ni la libre empresa, ni la propiedad privada, ni el comercio, ni la iniciativa de los particulares, lo que sí se hace es poner el acento en atender prioritariamente a quienes por muy diversas razones, tienen menos o carecen de todo, es decir a aquellos para quienes no se ha cumplido el principio liberal de la igualdad de oportunidades en materia de salud, educación, empleo, salario digno, seguridad social y pública. Jamás se ha propuesto desde la perspectiva lopezobradorista, expropiarles a los ricos sus bienes para dárselos a los pobres, lo que si se ha hecho, y con toda razón, es tratar de hacer a los empresarios más sensibles a los problemas que la mayoría de la población sufre, y que aporten más recursos para que esa situación se modifique. A nadie nos conviene que la desigualdad llegue a convertirse en una bomba y que nos estalle en la cara. Los últimos discursos de AMLO demuestran que él y su propuesta están más cerca del liberalismo y del pensamiento social cristiano que aquellos que durante muchos años se han ostentado como abanderados de la Doctrina Social de la Iglesia Católica y que hoy tiene al país sumido en la inseguridad, el miedo y la violencia.
Ya de cara al proceso electoral del 2012 en que se elegirá a un nuevo presidente de la República, es menester de la sociedad, de cada ciudadano, no sólo enterarse de quién es cada candidato, de cuáles son sus propuestas, de cuál es su biografía, sino de cuales son sus actos reales y concretos. Porque como bien dice la Biblia no debemos creer tanto a las palabras, sino a las obras. Las palabras se las lleva el viento, pero los hechos, la acciones, las obras, esas sí se quedan como testimonio tangible de quién las hizo. No es mi tarea decirles por quien sí o por quien no votar, sí es mi intención llamar la atención a que, siguiendo el principio de "por sus obras los conoceréis", se vote por el que a nuestro juicio informado consideremos el mejor, o como se dice ahora, el menos malo.
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