miércoles, 11 de enero de 2012
El capitalismo como dictadura supranacional, a las puertas de una nueva edad media
Los acontecimientos de Grecia, Italia y España en que la crisis económica forzó cambios de gobierno y la imposición al puebo a severas medidas de austeridad gubernamental, aumento de impuestos, reducciones de ingreso y prestaciones, medias todas ellas impuestas por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco Mundial, nos hablan de que el sistema económica capitalista ha entrado en una nueva etapa de concentración y centralización del poder económico aen manos de las dos instituciones señaladas. Instituciones que se han convertido en verdadeos dictadores autoritarios con el poder de imponer gobernantes y políticas económicas a los países del mal llamado mundo libre. El capitalismo ha entrado en una fase crítica, pues ha perdido su carácter democrático, revelandose como un sistema autoritario, dictatorial, absolutista, es decir, antidemocrático. Especialmente duro es le golpe propinado por el FMI y elBM a Grecia, no porque sea un país económicamente poderoso, sino por ser la cuna de la cultura occidental en general y de la democracia en particular. Es un hecho que puede pasar inadvertido para la gran mayoría, pero que es profundamente significativo, que anuncia la llegada de malos tiempos para las libertades económicas, políticas y sociales de los individuos, así como para la autonomía y la soberanía de las naciones de occidente. La conversión de un sistema económico que pretendía generar libertades económicas para todos, igualdad de oportunidades, bienestar y prosperidad a una dictadura supranacional no es nada de los que nos podamos alegrar, especialmente en los países del tercer mundo. Habiendo sido derrotadas la libertad y la democracia, pocas esperanzas quedan de que haya bienestar y prosperidad para millones de ciudanos en el mundo. Estamos a las puertas de una nueva etapa oscurantista, a una nueva edad media globalizada bajo el comando de dos instituciones de muy dudosa honradez y ética, que pueden acentuar aun más las diferencias entre los pocos que acaparan la riqueza y los muchos que carecen de ella hasta niveles terriblemente insultantes que degradan la condición humana a lo infrahumano. Se necesita pues de un nuevo orden económico mundial que genere condiciones de equidad en la producción y la distribución de la riqueza, a la par de un consumo menos compulsivo. Y a lo que debemos sumar una protección del medio ambiente y un uso racional de los recursos naturales. Es decir, una trasnformación de fondo en lo económico hacia un nuevo sistema en el que, por cierto, ni el FMI ni el BM e instituciones similares, tengan cabida.
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