viernes, 24 de agosto de 2012

Evaluación de la administración de Felipe Calderón

Faltan poco más de dos meses para que Felipe Calderón entregue la presidencia de la República a su sucesor, y es inevitable evaluar sus gestión. Los saldos en una primera mirada general parecen ser negativos, muy negativos, especialmente si ponemos la atención en su "guerra" contra el narcotráfico y la delincuencia organizada. Se mandó al ejercito y  a lo marinos a una lucha para la cual no están preparados y saltándose la Constitución y otras leyes que prohíben el uso de las fuerzas armadas para labores policíacas. Nunca logró que se autorizaran los cambios legales necesarios y tampoco pudo construir una policía eficiente y capaz.
Pero también su política en telecomunicaciones y transporte deja mucho que desear. El conflicto abierto entre el gobierno que el preside y la empresa MVS, ha destapado la cloaca  de corrupción que hay en ese subsector de las comunicaciones, y el descarado favoritismo por Televisa. En materia de transporte no se logró resolver el problema de Mexicana de Aviación ni se solucionó el problema de los autotransportistas del servicio federal de carga. El campo es también un desastre, lo vemos en el abandono de los campesinos de sus tierras y la baja de producción. La minería ha sido puesta en manos de empresas extranjeras. La educación tampoco anda nada bien. El liderazgo vitalicio de Elba Esther Gordillo es un obstáculo para una educación democrática y de calidad. Se necesita un sindicato democrático cuya diligencia se renueve continuamente y un modelo educativo pensado no en términos del beneficio al gran capital sino del bienestar humano.  La salud deja mucho que desear, el famoso seguro popular ha sido más bien demagogia pura, más que una verdadera cobertura universal de calidad para los mexicanos. La economía está a decir de los expertos, sostenida con alfileres, y podemos caer en una crisis de proporciones incuantificables, si hay una crisis internacional. La política internacional ha carecido de sentido y está sujeta al capricho y humor presidenciales. Fuera de la necedad de vincularse a los Estados Unidos y el Canadá, respecto al resto del mundo, especialmente con América Latina, no hay una política clara y confiable, coherente, para con las naciones del subcontinente. Hay mucho más que decir, pero lo comentado, es un conjunto de buenos ejemplos del fracaso de Felipe Calderón como mandatario. Si algo no ha sido Calderón es ser mandatario (no obedeció el mandato del pueblo), cuando mucho se puede decir que ha sido un administrador de los intereses de la oligarquía nacional e internacional a las cuales aspira a pertenecer. El saldo es pues, negativo, y está bañado de sangre de miles de mexicanos que nunca debieron haber muerto o deaparecido, si no fuera de su insensatez, su incpacidad y su corrupción.

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