sábado, 18 de agosto de 2012

De la democracia representaiva a la democracia participativa

Los mexicanos están decepcionados de la democracia. Así lo han declarado muchos hombres y mujeres del país, de muy diversa condición social, en todo tipo de espacios públicos y privados. la democracia no les ha traído una mejora sustantiva en sus niveles de calidad de vida y no ha solucionado ninguno de los problemas que afronta hoy nuestra sociedad. Las cosas pareen más bien estar empantanadas y no parece haber fuerza política alguna, ni de izquierda o derecha, ni moderada o radical, que pueda sacar adelante a la nación. Los políticos se ven cada vez más lejanos de la ciudadanía y sus problemas cotidianos, solamente preocupados de mantenerse en el poder, con sus puestos públicos o curúles y con sus fueros y privilegios. De soluciones nada.
Pero el problema parece no ser en realidad la democracia, sino en que ésta es meramente representativa y no participativa, lo que significa que se ha delegado el poder político en un grupo de políticos a los que, por añadidura, se les ha dado amplias prerrogativas para ejercer el poder a discreción. La ciudadanía entonces ha quedado excluida del diseño de programas y políticas y de su ejecución. Cuando mucho se le permite dar su opinión, pero no se le toma en cuenta sino hasta que hace una fuerte presión sobre los gobernantes y legisladores. Esto es por la carencia de una democracia participativa en que la ciudadanía tenga un papel activo en la vida política de la nación. De ahí entonces, que uno de los grandes cambios que hay necesidad de llevara cabo, es transitar de la democracia representativa y formal, a una democracia participativa e incluyente. Lo que significa no dejar solos a los políticos ni un minuto más; que sus acciones sean vigiladas y supervizadas por la sociedad civil y que ésta tenga los mecanismos legales para que pueda hacerse oír y obedecer. El mandante (jefe) en la democracia es el pueblo, no los políticos.  Por tal razón se deben establecer constitucionalmente los derechos y obligaciones, así como los instrumentos y herramientas mediante las cuales el pueblo intervenga directamente en la toma de decisiones y la ejecución de planes y programas. Ya sea mediante plebiscitos, referéndum, votaciones y del derecho legítimos a remover de su cargo a cualquier funcionario o legislador, ministro o juez que no cumpla con el mandato que se le ha dado por parte de la sociedad. Sólo así la democracia funcionará eficazmente y ayudará a resolver problemas, en lugar de ser parte de los mismos. El progreso material, el mejoramiento de los niveles y calidad de vida, tienen que ir de la mano de una vida democrática efectiva, que aliente la participación ciudadana, la tolerancia, la convivencia pacífica y armónica, la inclusión de todos los ciudadanos, el respeto a la diferencia, el reconocimiento de la pluralidad sociocultural, la búsqueda de acuerdos, la solución pacífica de conflictos.
Un prerrequisito indispensable es, sin duda, la educación política de los ciudadanos. El hacerlos conocedores y conscientes de sus derechos y obligaciones, de los problemas de sus sociedad, y de su capacidad para influir  en las decisiones, sin que ello implique volverse políticos de profesión. Pero el ama de casa, el estudiante, el obrero, el profesionista, el que ejerce un oficio o es empleado asalariado, o el pequeño o mediano o gran empresario debe entender la política como ese espacio social para el acuerdo y la negociación de los asuntos públicos por la vía pacífica.
El paso que hay que dar adelante, es pasar de la democracia representativa y formal (que puede ser solamente una falsa pantalla) a una democracia participativa, activa, propositiva, que incluya a la sociedad en su conjunto.

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