Como era de esperarse, en los diversos eventos que se llevaron a cabo despues del debate entre los candidatos a la presidencia de la República, los representantes de los mismos y sus respectivos partidos se dedicaron a decirnos que sus candidatos habían sido los ganadores. Ninguno se atrevió a conceder que su candidato lo había hecho mal o que había perdido. Y lo cierto es que, como ya comentamos anteriormente, si hubo perdedores, y estso fueron la Sra. Vázquez Mota y Don Enrique Peña Nieto. Ninguno reconoció errores y debilidades de sus aspirantes, y si que los hubo. Más bien todo se trató de maquillar el debate en general y a los distintos candidatos, para cubrir las fallas y limitaciones, lo que poco o nada ayuda a la democracia. Los representantes se dedicaron, como en el debate propiamente dicho a hacer lo mismo, a descalifica, a denostar y a mostrar las supuestas virtudes de sus candidatos . La ciudadanía, sus necesidades y derechos estuvieron ausentes. Fueron diálogos entre la propia clase política, en sus interior. No hubo diálogo con los ciudadanos que es lo que más bien habría que haber esperado. Los debates debieran estar fincados en un diálogo con los electores, en responer a sus demandas, y eso desafortunadamente no sucede. De ahí que resulte que como actualmente están establecidos los debates, sean de poca utilidad para los ciudadanos que más adelante tendrán que elegir entre uno u otro candidato. Se trata más de un reallity show, que de un evento cívico democrático. El debate dejó ver la enorme distancia que existe entre la clase política y la sociedad civil. Pareciera que se tratara de dos mundos ajenos uno al otro, de dos realidades diferentes, en donde la distancia entre ambos se trata de subsanar con una oleada gigantezca de propaganda y mercadotécnia que "convenza" a la población de que debe votar por alguno de los candidatos. Publicidad y mercadología que no tendría razón alguna de existir si los candidatos tuvieran propuestas serias y viables para resolver los problema reales de la gente. Pero evidentemente no las tienen y por ello, se debe tratar de desviar la atención, hacia cuestiones de órden secundario e intrascendente, como si la edecán estába vestida adecuadamente para el evento, o si salió desnuda en una revista de caballeros, o si Vázquez Mota estaba bien peinada, o cual de los candidatos tría puesta la corbata más bonita y banalidades de ese tipo.
Con debates tan pobres como el de ayer, se demuestra la carencia generalizada de una cultura política en la sociedad en general y aun de manera notable en la propia clase política. A ver eventos de es tipo, mueve más la curiosidad morbosa que el interés por oir diagnósticos pertinentes sobre la realidad y propuestas coherentes. Se puieden organizar muchos debates más, pero si se hacen con las mismas pautas que el de anoche , el resultado será el mismo y su influencia sobre los electores será mucho muy limitado, por no decir nulo. Igual pasará con los posdebates que se dedicarón a afirmar triunfos donde no había sino pérdidas. Si a algo abonó el debate y los eventos que siguieron a continuación en los medios electrónicos de comunicación, fue a aumentar el descrédito de la clase política.
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