viernes, 4 de mayo de 2012

El debate, ¿intrascendente y fallido?

Habiendo quedado evidente la mesquindad de Ricardo Salinas Pliego y su desmedido afán de lucro, al igual que el de su contraparte Emilio Azcárraga Jean, quienes en pleno uso de su libertad se negaron a trasnmitir el debate por sus canales de más amplia cobertura, porque era más importante u partido de futbol o un concurso de niños cantores. Se hace necesaria y urgente uan revisión no sólo de las leyes y reglamentos que rigen la acción de los medios de comunicación electrónicos, pero sobre todo, una crítica sobre la notable falta de civismo de ambos dueños de las televisoras más importantes del país.
Esa falta de civismo que se expresa en una clara confusión de intereses y que acaba privilegiando el interés privado económico de unos cuantos por encima del interés nacional. Y lo que en este momento importa es sin duda es el país y quienes serán sus futuros gobernantes. Y lo que es importante es dar un paso más adelante en la consolidación de la democracia, esa democracia que hoy Salinas y Azcárraga desprecian, pero sin la cual su libertad sería limitada o incluso anulada.  Apostar, como lo han hecho ellos en contra de la democracia, es peligroso tanto para sus propios intereses, como palra los de la nación. Nadie garantiza que todos los gobienos autoritarios  a los que ellos aspiran les serán siempre favorables. Tienen muchas más oportunidades de seguir haciendo jugosos negocios en un clima social democracia que en un régimen autoritario, pero seguramente su miopía mental no les permita ver más allá de sus riquezas y lujos. Denotan un aflata de visión a futuro por su conservadurismo extremo. Aliados de sí mismos y sus cuestionables intereses, se vuelven cada ves más en enemigos del resto de los mexicanos. Y esas no son buenas noticias ni siquiera para ellos. En su pecado llevarán la penitencia. Y pasado este deagradable affair. 
ahora toda la atención se centra en lo que será el debate en sí mismo. Y por el bien de cada candidato y sus partidos, y por el bien de la democracia mexicana, es necesario que el debate, primero de dos programados, sea un debate donde se toquen los principales problemas de la nación y en donde se hagan propuestas creativas pero viables a dichos problemas. Muy negativo sería que el debate acabara en la diatriba y la descalificación personales o en propuestas que más allá de sonar bien fueran inaplicables dadas las condiciones del país. Sería darles la razón a quienes desde un principio se negaron en transmitir el debate porque este resultaría intrascendente y fallido. La situación requiere de propuestas claras y precisas, los qué y los cómos para saber a que podemos aspirar si votamos por tal o cual candidato. Recuerdese que la democracia requiere de votos bien informados sobre lo que cada candidato y su partido ofrecen. No bastan ni la galanura, belleza, pulcritud o buena imagen del candidato. Lo que importa a la hora de la verdad es que políticas, planes y programas ofrecen y cómo los piensan implementar. Lo interesante es que imagen de país tienen y a que tipo de país aspiran. Y eso es lo que muchos mexicanso queremos saber para elegir por quien(es) votar.
Ahora la bola está del lado de los candidatos, veamos que hacen con el balón.

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