En una apasionada defensa de su política y estrategia de seguridad pública, el presidente Felipe Calderón aseveró contundentemente que "acomodarse" o "arreglarse" con los delincuentes era un grave error con consecuencias negativa para el país. Calderón Hinojosa sostuvo que sólo existían dos alternativas: "acomodarse a los criminales o enfrentarlos", como lo ha hecho él. Y sin mencionar su nombre, atacó a Andrés Manuel López Obrador, al sostener que faltan a la verdad quienes afirman que el problema de la inseguridad se resuelve con educación y empleo. Más adelante en su discurso reconoció que sí se necesita de una cultura preventiva y "Sí se requieren escuelas y empleos ... pero también se necesita una policía eficiente y comprometida y que los gobiernos no evadan su responsabilidad."
En estas declaraciones hay varios problemas muy serios, en primer lugar, el llamado a que los candidatos se definan sobre si seguirán o no con su no-estrategia de lucha por la seguridad, es una intromisión indebida del presidente en el proceso electoral que estamos viviendo. Si bien es necesario que los candidatos fijen sus posturas al respecto, como de hecho ya lo han hecho los cuatro contendientes, eso es un asunto que sólo corresponde a los propios candidatos y las fuerzas políticas que representan. En segundo lugar, el tema de la seguridad pública, la delincuencia y la justicia, no se puede plantear en términos tan diametralmente opuestos como lo hace el actual titular de la presidencia de la República, el asunto es mucho más complejo que dividir y separar entre buenos y malos, o entre enfrentar y dicho en otras palabras, negociar con los delincuentes. Cuando por ejemplo, los periodistas han pedido una tregua a la delincuencia (y se debiera también a los gobernantes del Estado), se está negociando, lo que no significa ni avalar ni hacer apología de la delincuencia, sino más bien, ante la ausencia e ineficiencia de las fuerzas de seguridad, y ante los abusos de ellas, llegar a un acuerdo para que no se sigan asesinado periodistas, especialmente en estos tiempos electorales. Así que el señor presidente, en su miopía, que raya en la ceguera no es capaz de distinguir entre negociar o si se quiere, llegar a un acuerdo, con avalar a la delincuencia, rendirse a su poder, renunciar a su combate o hacer apología de los criminales. En tercer lugar el presidente no define hasta donde llega la responsabilidad de los gobiernos y fuerzas policíacas. Porque a nuestro entender, evadir la responsabilidad es no cumplir con sus atribuciones legales y legítimas dentro de los límites del estado de derecho y con un talante ético. Y casos de abuso de autoridad hay por cientos o miles, son el pan nuestro de cada día. Y vale decir que la responsabilidad del Estado en sus diversos niveles e instancias, también abarca la educación cívica, la cultura preventiva, la prestación de eficiente atención a la salud y la higiene, la protección del salario, el empleo y la seguridad social. Ni el Estado ni el gobierno se reducen a la fuerza militar y policíaca como parece creerlo el Sr. Calderón.
Para Don Felipe, la "política integral" se limita al uso insensato de la violencia, creyendo como sucede en los regímenes autoritarios, dictatoriales, despóticos y fascistas, que los problemas de la delincuencia se arreglan eliminado y exterminado al "otro", cuando de lo que se trata es de preservar la vida, reformar, reintegrar a la sociedad, a quienes por las más diversas circunstancias, han optado por la vía delincuencial para subsistir. Pensar y actuar de esa manera ha producido más de 60 mil muertes, más de 150 mil desaparecidos más otros "daños colaterales." ¿Debe el próximo presidente continuar con semejante estrategia de violencia, muerte y descomposición social? Sr. Felipe Calderón, la respuesta es contundente: ¡NO!
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