Entre las mucha cosas que hay que reformar en México es la duración del periódo presidencial que actualmente es de 6 años. El último año quienes ejercen el poder ejecutivo parecen verdaderamente eloquecer en mayor o menor grado. Viven en un mundo totalmente irreal que poco o nada se parece a la realidad. Las declaraciones que hacen, las actitudes que asumen, su conducta muestran que ya han perdido contacto con la sociedad. Una y otra vez, con los trucos más burdos y su verborrea nos quieren convencer que el mundo es como ellos creen y no como realmente sucede. El caso de Felipe Calderón es notable en este sentido. Los datos con los que trata de convencernos de que ha hecho correctamente las cosas, en manos de académicos expertos nos dicen justamente lo cotrario, es decir, que se han cometido los más graves errores. En donde el presidente ve optimismo, logros y triunfos, los investigadores de universidades privadas y públicas sólo ven las huellas de un país que corre al despeñadero debido a la ineficiencia, la ineptitud y la corrupción del presidente y sus secretarios y funcionarios. Donde Calderón ve humanismo, la sociedad ve violencia, muerte, desolación, desconsuelo. Donde Felipe Calderón ve daños colaterales, los mexicanos ven familias rotas y desintegradas, hijos muertos, desaparecidos o huérfanos; padres de familia ausentes que nunca más regresaran. Y donde Claderón ve madres felices y contentas, nuestra sociedad ve madres solitarias y abandonadas que tendrán que pelear abrazo partido para sobrevivir ellas y sus hijos.
En ese enloquecimiento del sexto año, en su soberbia, Calderón nos quiere decir como habremos de recordarlo, cuando ese no es asunto suyo, sino del juicio que la sociedad está ya haciendo de él y su obra. Y ciertamente el juicio no le será favorable, y no lo puede ser cuando se gobierna para la oligarquía nacional y las grandes empresas trasnacionales. Cuando el amigismo y el nepotismo se anteponen a la racionalidad en la eleción de colaboradores y funcionarios. No nos han gobernado ni los mejores, ni los más capaces y menos aun los más honrados, sino los cuates del presidente y de sus esposa. La fantasía calderonista ya ha superado a foxilandía, ni duda cabe. Calderón ya llego al punto límite en que la realidad y la fantasía se confunden , Calderón se irá de la presidencia pensando que hizo lo que Dios le mandó hacer, que es un héroe y el salvador de la patria, o más bien dicho "su" patria que no es la de la abrumadora mayoría de los mexicanos, pues "su" patria es una fantasía. inexistente. Para evitar estas locuras, es necesario replantearse tanto la duración del periódo de gobierno, como acortar significativamente el tiempo entre la fecha de la elección y la entrega del gobierno al nuevo presidente, 5 meses es demasiado tiempo y sólo crea un vacío de poder y la oportunidad de saquear lo que queda en las arcas públicas. ¿Quinquenio cuatrienio? hay que discutirlo.
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