No es nuestra intención convertir este espacio en un lugar de prédica en favor o en contra de religión alguna, pues no somos ministros de culto, ni fieles de ninguna religión. Pero creo que hay que tocar el asunto de la religión en la medida en que esta influye en la vida económica, política, cultural, moral y social de la sociedad. Se da por sentado que uno de los aportes fundamenlaes de toda religión es proveer un código moral para que los hombres puedan convivir, relacionarse, trabajar, estudiar, comerciar, etc. Un código moral que haga posible la vida en sociedad de manera más o menos pacífica y armónica, y con respeto a los demás. Si en ese sentido la religión falla, entonces realmente de poco sirve la misma.
En el caso de México, como el del mundo occidental en general, la religión cristiana es la religión mayoritaria y hegemónica, y habría que esperar de ella, que fuese capaz de promover una serie de valores morales en el sentido que hemos señalado. Debiera ser capaz de persuadir y convencer a la gente de laas virtudes de su código moral y de las consecuencias positivas que le traería a personas y grupos seguir en sus conducta dicho código moral. Pero desafortunadamente no es así y hemos llegado a una situación de parálisis moral, de relativismo, que esta minando la sociedad y carcomiendo el tejido social. Y si bien la religión cristiana no tiene toda la responsabilidad y culpa de dicho fenómeno, no puede negarse que tiene un alto porcentaje de responsabilidad en tal hecho. Muchaas veces, especialmente el cristianismo católico se ha hecho el disimulado con su responsabilidad de cuidar de su grey, de orientarla y conducirla. Otras, en una actitud defensiva irracional, se ha negado a reconocer los signos de los tiempos y se ha negado a cambiar. Y no se trata, como a veces denuncian los prelados, de que renuncien a sus más caros valores y principios, pero sí a que sepan adaptarse a los tiempos y usen las modernas armas de la comunicación para llegar de manera más eficiente con su mensaje a la ciudadanía, especialmente a aquella parte del pueblo más golpeada en lo espiritual y en lo económico y material que es la más necesitada de apoyo y de una mano solidaria. Como ya anticipabamos en nuestra participación anterior, no basta con ofrecer misas sino que hay que actuar decidida y responsablemente a partir del amor y la corresponsabilidad.Y ahí, el cristianismo católico ha fracasado. Y no es cualquier fracaso, es uno mayúsculo pensando en que la Iglesia Católica tien control directo sobre un número muy grande de escuelas que van desde la preprimaria hasta universidades, así que oportunidades para hacer llegar su mensaje no le faltan, lo que ha fallado es la estrategia, aunque tal vez de lo que se trata es de ausencia de una estrategia de educación y comunicación efectiva. No menos importante, en la determinación de las causas del fracaso del cristianismo son los escándalos producidos por algunos sacerdotes por pederastía, homosexualidad y una ilegítima actividad sexual que produce muchas madres solteras y "sobrinos" que las más de las veces quedan desprotegidos. Con semejantes errores no es difícil explicarse que cada día más fieles se salgan de la iglesia católica a buscar otras alternativas o de plano renuncien a pertenecer a una igesia cristiana. Así que hay que llamar la atención sobre la urgente necesidad de que la iglesia católica y otras evangélicas protestantes no exentas de problemas similares hagan una autocrítica de fondo y se planteen nuevas alternativas de acción tanto en el ámbito de la evangelización, como en le terreno de la vida mundana, dos campose en relalidad inseparables en la vida real.
Considerando la necesidad de una vida espritual para la persona humana, necesidad tan básica e importante como la satisfacción de las necesidades corporales y sociales, el cristianismo tiene que cambiar su actitud. No es negando la realidad, no es ocultando sus graves fallos, no es protegiendo a delincuentes disfrazados de sacerdotes, ministros o pastores, no es asumiendo una actitud conservadora a ultranza, como va a lograr el cristianismo evangelizar y ganar almas. Los cristianos deben imitar a aquellas primeras comunidades cristianas que aun siendo perseguidas y combatidas ferozmente, no renunciaron a llevar su mensaje atendiendo a cuanta persona requirio de su ayuda fuera espiritual o material, fuera o no creyente el solicitante. Es lo menos que se le puede pedir a una iglesia que incluye a más del 90% de los pobladores del país incuyendo tanto a católicos, como anglicanos ortodoxos, protestantes y evangélicos y las nuevas sectas.
Desde una perspectiva laica, sería ideal una moral igualmente laica, en la que quienes tienen religión o carecen de ella tuvieran cabida, pero dado el peso enorme del cristianismo, no se puede evitar que esta religión ejerza su influencia. Lo que hay que evitar es que esa influencia se vuelva tan grande que se convierta en religón oficial, en paradigma único, en moral indiscutible, en verdad absoluta. Un régimen liberal como el que se ha pretendido instaurar en México, requiere una defensa de la pluralidad de pensamiento y creencias, así como de libertad de expresión y difusión, en el marco de esas libertades, bienvenidos los aportes cristianos, igual que los musulmanes, así como de las filosofías ateas. De lo que se trata es de que la sociedad no se nos desmorone entre las manos debido a la pérdida de una moral social. Ésta es hoy muy necesaria para combatir los flegelos de la delincuencia, el narcotráfico, los secuestros, la trata de personas, la violencia en todas sus formas y variantes, la intolerancia, el autoritarismo, la impunidad ... el vacío moral. Sin un talante ético en la sociedad, no queda sino precipitarse en la decadencia y eventualmente la autodestrucción. Así que no se trata de un asunto menor.
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