Si duda uno de los principales problemas que afronta México es la educación en todos sus niveles y variantes. Si bien es una obligación del Estado dar al pueblo una educación laica de calidad, fundamentada en la ciencia, la tecnología, la razón y el humanismo que porduzca buenos ciudanos y profesionistas. Esto está muy lejos de suceder en la realidad. Desafortunadamente, por muchos motivos que sería largo enumerar aquí, esto no ha sucedido y hoy vemos de manera muy dramática los reultados de esa insufciencia. Dado que es imposible profundizar en lo que sucede en cada nivel educativo del sistema educativo, centraremos nuestra atención en el la educación superior univeritaria, que es nuestra preocupación particular. Y podemos decir que pese al gran esfuerzo de las universidades públicas por brindar educación superior de calidad a todos los sectores sociales, no se ha llegado a alcanzar la cobertura necesaria para satisfacer esta necesidad por los estudios profesionales de una importante proporción de la población. Tal meta no se ha logrado ni con el apoyo y colaboración de instituciones privadas laicas y religiosas cuyo alcance es muy limitado y se enfoca a los sectores privilegiados de la sociedad, las clases medias y altas de la misma.
A esta insuficiencia de la cobertura se suman la falta de calidad en muchas institiciones y programas y la falta de una educación moral como la llamaba Emile Durkheim uno de los padres de la sociología y un intelectual francés preocupado por la educación y la moral en la sociedad.
Faltan instituciones educativas de nivel superior que atiendan a los sectores más bajos de la sociedad. Es una deuda pendiente del Estado que sólo se puede subsanar con más escuelas, pero también con una mejora sustancial en las áreas de acción universitaria: la docencia, la investigación, la creación y reproducción de conocimientos, la difusión y el servicio a la comunidad. Y esas instituciones pueden ser tanto públicas, privadas, comunitarias, como mixtas. En una sociedad democrática, liberal y abierta, los distintos sectores de la sociedad interesados en la educación superior, pueden y deben participar de la misma. El Estado y la propia sociedad civil deben cuidar del desempeño de las universidades e institutitutos tecnológicos para que presenten los servicios que la sociedad espera de ellas, con la calidad debida, pues, sin duda, gran parte del peso de la economía, la política, el desarrollo cultural, recae en las espaldas de los universitarios, que deben estar lo mejor preparados y actualizados.
Tradicionalmente la educación superior mexicana ha estado en manos del Estado y la Iglesia católica, aunque ya también los empresarios participan con instituciones creadas por ellos mismos, aun así es a todas luces las universidades son insuficientes en cantidad y calidad, por ello hay que redoblar esfuerzos. No es cuestión únicamente de más dinero y de edificios bien equipados, sino de compromiso y corresponsabilidad social; de investigadores, profesores, alumnos, directivos, personal de apoyo al interior de las universidades, y de las autoridades, empresas, empleadores públicos y privados y la sociedad en general desde fuera de las instituciones de educación superior.
Si en verdad queremos levantar al país y hacerlo más justo y equitativo, con mejores niveles y calidad de vida, hay que trsladar a la educación superior de ser un problema, a ser parte de la solución de la problemática nacional.
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