martes, 20 de diciembre de 2011

Neoliberalismo y calidad de vida

Desde la implantación del modelo economico neoliberal, el nivel y la calidad de vida de millones de personas se ha venido abajo. El crecimiento económico se ha reducido, y con él las portunidades de abrir empresas micro, pequeñas y medianas, conseguir empleo y tener un sueldo suciente para algo más que la pura y simple subsistencia. Las medidas que organismos internacionales como el Fondo Monetrario Internacional o el Banco Mundial, o gobiernos como el de los Estados Unidos han impuesto a los que se llamaba casí como cruel borma "en vías de desarrollo" o "emergentes" no han producido sino la riqueza de unos pocos, cada vez menos, y el ensanchamiento de la brecha entre países pobres y ricos, entre clases privilegiadas y los pobres y marginados. El panorama no es nada esperanzador ni a corto ni a largo plazo de seguir así las cosas. No es entonces nada extraño que aparezcan por todo el mundo los indignados. Muchos de los cuales no hace mucho gozaban de un nivel de vida más o menos alto, pero que ahora ven como sus finazas se detereioran, y su nivel de vida se deteriora sin que puedan hacer nada para evitarlo.
Es pues tiempo de cambiar, de planearse un mundo diferente en que se dignifique al ser humano hoy reducido a la calidad de facror del trabajo, consumidor, u objeto intercambiable. A nadie conviene que la situación de millones de personas se siga menoscabando. Se necesita retomar el camino del crecimiento económico con desarrollo, con progreso, con bienestar y prosperidad. Y ciertamente el neoliberalismo no es ese camino. Se necesita dedicar más recursos a la salud, la educación, la vivienda, la alimentación, el empleo, la generación de nuevas empresas y asociaciones civiles. En la medida en que esto no se haga, entonces habrá que dedicar dichos reursos a la policía, al armamento, a la represión, a la "inteligencia" dedicada a cazar inconformes. Se necesita más investigación científica y desarrollo tecnológico, pero aun más, se necesita la humanización de las actividades económicas y políticas. Ni el gobierno, ni las organizaciones ni el capital pueden tener prioridad sobre los seres humanos; estas no son sino instrumentos y herramientas para generar bienestar y progreso, no fines en sí mismos. Y el gran error de nuestra civilización occidental ha sido invertir los términos haciendo de empresas, organizaciones, gobiernos y dinero fines a los cuales los seres humanos deben servir. Vivimos la dictadura del capital, de los monopolios y oligopolios, de gobiernos autoritarios y de los organismos internacionales de carácter económico; una dictadura tan cruel y despiadada como cualquier otra, pero mucho más sofisticada y compleja debido a la utilización de los medios masivos de comunicación, la maercadotécnia y la manipulación publicitaria y propagandística puetas a su servicio. Son tiempos oscuros que requieren una toma de conciencia de la humanidad para volver a poner las cosas de pie. Son tiempos de recobrar plenamente los aspectos más positivos de nuestra condición humana; de vernos de manera más integral y completa, no como entes consumistas, como cosas, como mercancías desechables menospreciadas o como factores de la producción. Pero hay que empezar ya, aquí y ahora, para que nuestras generaciones y las que lleguen más adelante, tengan un futuro esperanzador que les permita el desarrollo de todas sus capacidades y potencialidades orgánicas, intelectuales, emocionales y morales. No se le puede seguir apostando a un sistema  socioeconómico que genera desigualdad, injusticia, pobreza, desesperanza, por más que el precio del dólar se mantenga estable y las reservas monetarias hayan aumentado sustancialmente blindando la economía  De nada sirven los blindajes cuando el hambre, el desempleo, la inseguridad pública y social están a la vuelta de cada día. Y menos aún nos sirve culpar a los individuos de problemas que son de carácter social. Muchos son los inocentes que hoy pagan con sus vidas y su salud o el deterioro de sus familias el precio de mantener vigente un sistema que beneficia sólo a unos cuantos y sus empresas globalizadas. Un sistema que bandera la libertad de los pocos y la esclavitud de los muchos.

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