martes, 29 de noviembre de 2011

Que queremos muchos mexicanos

Lo que muchos mexicanos queremos hoy va mucho más allá del restablecimiento del órden y la paz publicos. Queremos recobrar el camino del progreso y la prosperidad que tuvimos durante varias décadas dl siglo pasado, hasta los años 70´s pero sin el unipartidismo, y el centralismo y autoritarismo que lo acompañaron.  Queremos recobrar la senda del progreso pero sin ese régimen político que concedía y daba a gotas, a su conveniencia, ciertos espacios de libertad y democracia. Hoy queremos órden, paz con democracia, con trabajo, con buenos salarios y prestaciones, con una economía floreciente ya no fundamentada en el capital y la tecnología extranjeras (trasnacionales), sino en un desarrollo propio. No creemos que la globalización necesariamente implique la dependencia  ineludible de lo extranjero, sino más bien, una oportunidad de participación en el mundo desde nuestra cultura, nuestros saberes, habilidades y capacidades. México tiene mucho para dar al mundo, si lo sabemos hacer con inteligencia y astucia. Si promovemos nuestro desarrollo científico, tecnológico y económico. Si alentamos la constitución de centros de investigación y desarrollo a la par de empresas  eficientes en el campo de los negocios. Y si, de una vez por todas, vamos al fondo en el campo cultural y educativo para cambiar esa cultura de la pasividad y el fracaso, y esa educación para el sometimiento no sólo a los poderes públicos y fácticos, sino a la oligarquía extranjera y sus representantes nacionales. En el campo educativo, como en el empresarial necesitamos entrar en un proceso de prueba, de ensayo, de corrección y de mejora del trabajo así como de la producción de bienes y servicios de todo tipo. Debemos quitarnos de encima el miedo al fracaso y olvidarnos del no se puede, porque en realidad sí se puede. Pero hay que trabajar duro y constante y sin rendirse, aunque a veces parezca que aramos en la arena del desierto alejados de cualquier oasis. Se trata pues, de todo un cambio de mentalidad y de ponernos en acción, independientemente de lo que el Estado o las grandes empresas nacionales o extranjeras hagan. Claro está que nadie va a venir caritativamente a resolver nuestros problemas, y las soluciones no van a caer del cielo así nomás. Hay que ser honestos y reconocer que por miedos muchas veces infundados, hemos privilegiado asumir las posturas conservadoras, reaccionarias y retrogradas  que no nos han beneficiado. Por conservar lo poco y malo hemos dejado escapar lo mucho y bueno, y eso no debe seguir sucediendo, pues tenemos todo lo necesario para ser un país que de una vida honesta y digna a sus habitantes. La delincuencia organizada, el narcotráfico, la violencia, el egoísmo a ultranza, la mesquindad, la competencia desleal,  no son sino signos de la enfermedad social e individual que padecedmos y nos tiene al borde de la muerte. Esa anomia que se define como retraimiento y nos hace ir reduciendo cada vez más nuestras expectativas de vida e irnos conformado con menos de lo que merecemos y aspiramos. Lo que implica un aumento significativo en la frustración, la desesperanza y la desmoralización social e individual. Así que ante la crisis que nos abruma no queda sino despertarnos y luchar por un futuro mejor, mucho mejor que el presente que hoy tenemos. Sí se puede, la historia así lo demuestra. No se puede progresar mirando hacia atrás, entonces dejando el pasado en el lugar que le corresponde, veamos esperanzadoramente hacia el futuro.

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