El informe entregado por José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch (HRW), ál gobieno mexicano el día de hoy es contundente: La guerra emprendida por Felipe Claderón en 2006 contra los narcotraficantes y la delincuencia organizada ha fracasado. Más de 40 mil muertes, ha sido lo demuestran, así como secuestros, desapariciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales, llevadas a cabo por los cuerpos de seguridad, cuyo aumento no se detiene. Calderón fue incapaz, en su afán mesiático,confesado ante un grupo cristiano pentecostal, de llevara cabo una guerra cuyos pronósticos no eran muy favorables, dada la corrupción de los cuerpos de seguridad. Y como las previsiones más pesimistas lo suponían, a 5 años de inciada, la lucha se ve pedida, lo que significa que Caldeón dejará la presidencia del país, habiéndole incumplido al pueblo de México, y al Dios que según él, le ordenó llevar a cabo esta lucha, así que será perdedor por dos lados, el social y humano, y el divino. Así que cualquiera de los hoy precandidatos que eventualmente llegue al la primera magistratura habrá que darse a la tarea de modificar de fondo la estrategia en que se empecinó Calderón. Y eso supone no sólo una reorganización de las policias, una redefinición del papel de las fuerzas armadas, una limpieza de los cuerpos de seguridad, sino también un cambio en lo referente a los fines y metas que se traten de alcanzar. No basta con atrapar y encarcelar capos y líderes de los carteles, ni siquiera aplicarle la pena capital como sugieren los vedes menos verdes del planeta, sino atacar la raíz de estos problemas. El narcotráfico, como el tráfico de personas, armas, mercancía ilegal, es el efecto, no una causa. Por lo tanto hay que atacar los factores que han dado lugar a la degradación de nuestra sociedad y la destrucción del entramado social. Y ahí están la pobreza endémica, el desempleo, la inseguridad laboral, los bajos salarios, las altas tasas de explotación del trabajador, la falta de acceso a servicios de salud y educativos de calidad para toda la población, la ideología de la competencia salvaje, el debilitamiento de las instituciones sociales y del Estado. En síntesis, la decadencia del sistema capitalista, donde un individualismo mal entendido, donde el egoísmo y el afán de lucro desmedido han sentado sus reales; donde la maquina y los objetos han suplantado al hombre, como lo más importante y valioso. Ante tal panorama deshumanizado no es de extrañar que la gente busque evadirse de la realidad por cualquier modo y acuda a los vicios y adicciones o las experiencias extremas, como salidas ante una realidad preexistente que lo supera y aplasta brutalmente. Así que lo primero que hay que hacer es restaurar al hombre, reconocer y defender sus valores y derechos, como individuo y como parte de colectividades, grupos, asociaciones del más variado tipo.
El informe de HRW es dramático y llama a una revisión de fondo de los fines que como Estado y sociedad nos hemos propuesto, así de los medios para alcanzar dichos propósitos. Visto está que no todo se vale, porque no todo conviene, y el primer paso es defender a la ciudadanía, su cultura, su sociedad, del acecho de las fuerzas fácticas que hoy atentan contra ella. El Jefe del Estado así debe entenderlo; así debió comprenderlo Felipe Calderón y no precipitar al país a una guerra absurda e irracional cuyo fin aun se ve muy lejano y cuyo aldo será sin duda negativo, como de hecho ya lo es.
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