lunes, 28 de noviembre de 2011
El sociólogo, subjetividad personal y objetividad profesional
Epocas como las que actualmente está viviendo nuestra nación, con sus conflictos y cotradicciones, con su violencia, con sus terribles cambios, polarizan a la sociedad y aparecen claramente tendencias sociopolíticas que muchas veces se contraponen a veces de manera radical. Pese a los dolores y sufrimientos, a los sinsabores y las amarguras que producen, se expresan tendencias que un sociológico no puede dejar de observar, pese a que muy probablemente, a nivel personal le afecten profundamente. En estos tiempos la mirada del sociólogo debe agudizarse al máximo. No es fácil pues se tienen que equilibrar la subjetividad personal con la objetividad profesional. Pero no hay otra opción posible, pues caer en cualquiera de los dos extremos, obstaculizará el trabajo sociológico irremediablemente. Ni se puede caer en el subjetivismo extremo dejando de lado la razón, el método, las técnicas de investigación, ni por el otro en la objetividad fria y muy científica que olvida que la sensibilidad, la emoción y el compromiso también juegan un papel determinante en el trabajo del sociólogo. Un sociólogo que no es capaz de responder sensiblemente a la realidad está perdido y difícilmente podrá dar cuenta de los hechos de su tiempo y menos aun proponer alguna solución viable. Un sociólogo que es incapaz de controlar sus pasiones tampoco. Lo fascinante y a la vez lo dramático del trabajo sociológico implica equilibrar dinámicamente ambas cosas en le marco de una realidad que se transforma continuamente a veces de una manera que hace correr la adrenalina vertiginosamente.
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