martes, 29 de noviembre de 2011
El dilema de las clases medias, entre el conservadurismo y el progreso
Hace poco menos de una semana, en el programa radial que conduce Juan José Miró, en radio 6.20, de la ciudad de México, se trataba el problema de las clases medias o clase media y su carácter declaradamente conservador. Ayer, en el programa Espiral, que conduce el periodista Ricardo Raphael en canal 11 del IPN, la investigadora Denise Dresser del ITAM veía justamente en esas mismas clases medias, la posibilidad de sacar adelante del país, justificando su opinión en que estas clases o clase están conformadas por sectores preparados y educados de la sociedad, que tiene la capacidad de influir en la vida económica y participar racionalmente en los procesos electorales en particular y en la arena política en general. Aunque aparentemente ambas opiniones pudieran resultar contradictorias, si es posible que pese a su conservadurismo cuasinatural, las clases medias puedan influir decisivamente en el rumbo que se de a la nación. Y este, como bien lo demuestra la historia reciente -recuérdese que las clases medias surgen a partir de la consolidación del régimen posrevolucionario- ha sido orientado a la conservación del órden establecido pese a que en muchas ocaciones, tal orden, no les ha favorecido. Sin embargo, en situaciones como la que hoy vivimos, de esas clases medias, pueden surgir movimientos políticosociales que no sólo reivindiquen causas y valores propios de los sectores medios, sino que empujen más allá de lo normalmente esperado, en favor de causas que abarcan un espectro social más amplio. Por ejemplo, la lucha contra los monopolios que no sólo afecta a las clases medias sino a las clases bajas de la sociedad, o las luchas en favor de la libertad de expresión, o las batallas en favor de empleos de calidad, que son temas que son especialmente importantes para gran parte de la sociedad. Así que si bien las clases medias en lo general tienden a tratar de conservar su patrimonio y privilegios duramente alcanzados, cuando estos van disminuyendo o cancelándose, pueden dar lugar a actitudes de rebeldía genuina en estos sectores sociales, que pueden tomar una dirección más bien progresista que conservadora. Por esa razón, son las clases medias las que asumen un papel central en la lucha política y pueden tener un carácter decisivo y definitorio en la misma. Y seguramente serán el punto focal al que se dirigira la atención en el proceso electoral que ya se ha iniciado, para ganar simpatías, el favor y los votos para tal o cual candidato. En la situación en que nos encontramos, con una o unas clases medias tan golpeadas por la delincuencia y el propio Estado, se puede essperar que una buena parte de esas clases o estratos medios, se incline en favor de posturas progresistas con tal de paradójicamente, recuperar sus bienes, propiedades y privilegios y abrirse nuevas oportunidades de progreso que el esquema actual no les permite obtener. Si esta hipótesis es correcta, la izquierda mexicana puede ganar muchos votos y simpatías, siempre y cuando sea capaz de elaborar una estratgia y construir un discurso adecuado para estas clases conformadas principalmente de pequeños empresarios, profesionistas independientes, funcionarios medios y altos de la admnistración pública, ejecutivos de empresas privadas, maestros universitarios, comeciantes establecidos entre otros. Pese a su conservadurísmo, aquí se aplica el dicho popular de que a todo se acostumbra el ser humano menos a no comer, y habiendo llegado el agua a lo aparejos, se tienen que tomar medidas que permitan a estas clases medias recuperarse para después seguir siendo motor del progreso nacional. Esto los partidos de izquierda no deben ignorarlo, sobre todo cuando el PAN (conservadores) los abandonó a su suerte.
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