domingo, 13 de noviembre de 2011
El sexenio de la fatalidad
Desde principios de la administración de Felipe Calderón, su régimen ha venido acompañado por la fatalidad. Desde el principio, cuando Calderón y lo suyos se negaron a aceptar un recuento voto por voto, para asegurar que él había ganado legitimamente la presidencia de la República como se lo propuso Andrés manuel López Obrador, de tal manera que todos pudieran haber quedado conformes con el resultado de la elección, hasta la muerte de Francisco Blake, secretario de Gobernación y el anuncio del pacecimiento del padecimiento de un cáncer en la médula de su secretario de educación, el Sr. Lujambio, quien aspiraba a la candidatura por el Partido Acción Nacional a la presidencia de la República. Y ni que decir del infortunio que han significado los más de 50 mil muertos en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada y que han sido considerados friamente como "daños colaterales", a los que hay que sumar todos los hogares y familias destruidos, los cientos de desaparecidos, los torturados, y a los que se han violado sus derechos humanos por parte del Estado mexicano, todo lo que ha contribuído a la degradación de las relaciones sociales y la destrucción del entramado social, en sisntesis, el debilitamiento de la estuctura social mexicana. Es la desgracia de un régimen que se ha convertido en la desgracia del pueblo que hoy vive en la deseperanza, en el miedo, en la anómia, en la parálisis moral en la confusión y el desconcierto. Es la fatalidad producida por la fatuidad del jefe del poder ejecuivo y sus colaboradores, que ya ha costado la vida de varios de ellos en situaciones por demás preocupantes. fatuidad que tiene su origen en no sólo una notable falta de entendimiento sobre la realidad y los problemas nacionales, sino por un fanatismo religioso fundamentalista, que asumido por Calderón se tradujo en los supuestos, muy dudodoso por ciero, de que no fueron los votos sino el desgnio de Dios quien lo puso al frente de la nación y que le ordenó llevar a cabo esta aberrante guerrra frontal contra la delincuencia organizada y el narcotráfico. Motivo por el cual el presidente se ha negado sistemáticamente a aceptar hace cambio alguno a sus supuesta estratégia de lucha, por más razonables que sean los planteamientos que se le hagan. Después de todo, nos diría Calderón, por qué escuchar las razones humanas cuando Dios ya ordenó lo que hay que hacer y cómo hacerlo. 3 funcionarios de alto nivel, dos sde ellos secretarios de gobernación, el ministerio más importante del gobierno federal y otro relacionado con la seguridad pública, han muerto trágicamente en supuestos accidentes aéreos. Son suin duda los símbolos de la fatalidad de un gobierno que empezó mal y que no tiene visos de terminar bien. Calderón ha sido la encarnación de la fatalidad, de la tragedia, de la desgracia producidas por la fatuidad.
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