lunes, 3 de diciembre de 2012

Obrar con legalidad, justicia y prudencia

Las violentas protestas en contra del gobierno entrante de Enrique Peña Nieto resultan inquietantes, pues aunque las autoridades de la ciudad de México, han identificado a los participantes  de los actos violentos, como pertenecientes a grupos disidentes anarquistas, no queda nada claro quién o quienes los enviaron a llevara cabo esos deplorables actos. Lo que sí parece ir aclarándose es que no se trata de acciones improvisadas o sucesos al azar, sino de actos premeditados y planeados. Los primeros afectados negativamente han sido los integrantes del grupo "Yo soy 132", que fue a los primeros a quienes se atribuyeron  los actos violentos. Y aunque ya el grupo se deslindo de los hechos, para una porción de la población ellos resultarán los culpables, lo sean o no en la realidad. La conformación misma de "Yo soy 132" permite que en un momento dado cualquiera se diga miembro del mismo, sin realmente serlo ni compartir sus ideales y luchas. Habrá que esperar el transcurso de los próximos días para ver si se identifican a los verdaderos responsables de esos violentos actos. Lo cual, dadas las circunstancias por las que atraviesa el país, es una urgencia. Nadie queremos un nuevo 68 o 71 en este 2012. Y dada la manera en que sucedieron los actos vandálicos es imposible no recordar los eventos del 68 y 71 y sus dolorosas consecuencias para la nación completa.  Hay que encontrar a los culpables, no fabricarlos ni inventarlos; no se trata de atribuir culpabilidades irresponsablemente  y a la ligera, sin bases reales para demostrar su culpabilidad. Justicia y legalidad exigen una investigación a fondo, intensiva, para no culpabilizar a quien ni la debe ni  la teme, sean personas o grupos sociales. Por ello, tampoco son aceptables las declaraciones más vicerales que recionales que señalan culpables y piden cabezas y renuncias en momentos en que una nueva administración apenas ha iniciado sus trabajos. Hay que ir más allá de esas actitudes y conductas endémicas que tanto daño han hecho a México y la única manera de hacerlo sin recurrir a la violencia indebida es mediante la aplicación de la ley con un espíritu de justicia, no de venganza ni desquite, o revancha. La nueva administración federal tiene la oportunidad de hacer las cosas diferentes a lo que ha sido desafortunadamente la costumbre, obrar con legalidad, justicia y prudencia se impone como prerequisito para que esta administración federal pueda navegar en aguas tranquilas. Igual cosa hay que decir para el gobierno de la ciudad de México que está por entrar en funciones a partir del día 5 de este mes de diciembre.

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