lunes, 3 de diciembre de 2012

Gustavo Madero o la defensa de lo indefendible

Gustavo Madero presiente del Partido Acción Nacional declaró que en los 12 últimos años, gracias a las administraciones de Vicente Fox y Felipe Calderón el país había avanzado sustancialmente; que México era una mejor nación de lo que era en el año 2000. Son declaraciones por demás irrisorias e irresponsables, que dicen mucho de la incapacidad de Madero en particular y de su partido en general para leer la realidad y para ejercer la autocrítica. Sí el PRI ha vuelto al poder no ha sido por causa de la casualidad o el azar, sino porque el PAN no supo o, peor aún, no quiso cumplir con lo que había prometido y porque el partido mismo y las administraciones federales de Fox y Calderón particularmente se sumieron en el océano de la corrupción y la soberbia, olvidando sus postulados, principios y valores. No se puede olvidar que el PAN muy lejos de intentar deconstruir las estructuras de poder corporativo priísta, se montó en ellas para gobernar; no se puede olvidar como las administraciones panistas se aliaron a la oligarquía internacional y nacional, favoreciendo desacaradamente sus intereses, en contra del pueblo mexicano. Y claro, no se puede olvidar la ola de violencia y destrucción en que hundieron a la nación. Y eso sin contar con las miles de mentiras con que intentaron crear una cortina de humo que ocultara sus rapacerías e injusticias y que fueron dichas una y otra vez, con el contubernio de las dos grandes televisoras del país principalmente, hasta el último minuto de la administración calderonista. No señor Madero, el avance del que usted habla no es más que una manera de defender lo indefendible; no es sino una manera de ocultar el baño de sangre que Felipe Calderón provocó con su torpeza y su sumisión a los Estados Unidos de América a través del plan Merida. Bien haría usted en renunciar a la presidencia de Acción Nacional salvo que usted quiera seguir siendo un compinche de quienes subsumieron al país en la desgracia que hoy padecemos. La verdad, señor Madero, no se oculta con palabrería vana, vacía, insensata e irresponsable.  A veces la mejor política es el silencio prudente.

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