Conforme han venido apareciendo análisis sobre el gobierno de Felipe Calderón que recién llegó a su fin, la opinión de investigadores, analistas y opinión pública coincide en que México tuvo uno de los peores gobiernos de que se tenga memoria. No sólo en lo referente a la seguridad pública y a la fracasada "guerra" contra la delincuencia organizada, sino también a muchos otros aspectos de la vida nacional, como la educación, la cultura, la salud, la violación de derechos humanos, la intolerancia, la pérdida de inversiones, el empobrecimiento de la población, la inseguridad laboral, por sólo mencionar algunos. Los análisis han ido más a fondo y han considerado a las dos últimas administraciones públicas, ya conocidas popularmente como la "docena trágica." Y si que lo fue, no sólo por lo ya mencionada, sino porque a final de cuentas, las cosas se hicieron tan mal, que lo que más se temía por amplios sectores de la sociedad sucedió, es decir, el regreso del viejo priísmo al poder, a través de la persona de Enrique Peña Nieto. No hay que olvidar que tanto Vicente Fox, quien se suponía haría todo lo posible por desmantelar las estructuras de poder y control priísta, acabo apoyando y favoreciendo al candidato tricolor Enrique peña Nieto. Igual cosa hizo disfrazadamente el propio Felipe Calderón, al negarle su apoyo real y explicito a la candidata panista, Josefina Vázquez Mota. Así que en mucho más que un sentido se puede hablar del fracaso rotundo y trágico de los gobiernos panistas, que no supieron aprovechar la oportunidad histórica para trasformar al país, para su bien. Pero después de todo, no podía ser de otra manera. A la falta de oficio político, a la inexperiencia para gobernar, se sumó una visión del país pequeño burguesa, en gran parte ignorante de las realidades nacionales y en otras equivocada en su diagnóstico del país. Lo que llevó al panismo a cometer gravísmos errores que hoy todos pagamos a precio de oro. Pero tal vez la traición más grande del panismo fue cometida contra sí mismos, contra su proyecto demócrata cristiano para entregarse en manos de la tecnocracia neoliberal y de la oligarquía nacional e internacional. El PAN en general y Felipe Calderón no quisieron entender nunca que lo que es bueno para la oligarquía internacional y nacional, lo que se consideraba correcto por la tecnocracia neoliberal, no era, en verdad, necesariamente lo mejor para nuestro país. Ya no es ninguna secreto que el bienestar de la oligarquía y sus cortesanos tecnócratas, no significa el bien de las mayorías de la población, sino, por lo contrario, su mal, pues ese bien se construye en contra de, precisamente, la mayoría de los mexicanos.
La otra cara de la docena trágica, es sin duda, la incapacidad, de la izquierda para unirse y conformar una fuerza política capaz de llegar al poder e implementar un proyecto político económico y sociocultural orientado hacia la mayoría de los mexicanos. 12 años no fueron suficientes para construir un partido suficientemente cohesionado como para convocar a la ciudadanía a votar por ellos y llevarlos al poder. Y hoy ese objetivo se ve realmente lejano. Es cierto que la izquierda fue especialmente golpeada con dureza por los sectores conservadores de nuestra sociedad, que se encargaron de descalificar, intimidar y desacreditar a las fuerzas progresistas, pero también es cierto que la izquierda fue bastante lenta en responder y sus estratégias mediáticas y mercadológicas distaron mucho de ser las adecuadas en tiempo y forma. Morena puede ser una esperanza en la medida en que sea capaz de asumir un liderazgo de las izquierdas y de otros sectores sociales que no simpatizan de entrada con esta. Para ello debe ser capaz de establecer puentes de comunicación con otras fuerzas afines y otras aun distantes a la propia izquierda. Eso significa entre otras cosas, la elaboración de un nuevo discurso que sea capaz de llegar e impactar más allá de los sectores sociales a los cuales el discurso tradicional suele llegar y ser aceptado.
Habiendo regresado el PRI al poder, son muchas los temas sobre los que los blanquiazules y las izquierdas tienen que meditar y buscar alternativas de solución. A partir de mañana mismo hay que ponerse a trabajar.
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