Desafortunadamente la oleada de violencia y muerte continua después de que Felipe Calderón dejó el poder el primero de diciembre. Habrán de psar varios meses, incluso años, en que la violencia empiece a disminuir significativamente. Se necesita que empiecea operara la nueva estrategia del gobierno recién llegado y que ésta sea la acertada. Mientras tanto, seguiremos sufriendo los estragos de una política anticrimen errónea que se aplicó por casí 6 años en el gobierno calderonista. Si alguén esperaba que la violencia disminuyera con la simple salida de Calderón de la presidencia de la República, se equivocó. Calderón nos deja una herencia de la cual no va a ser nada fácil deshacerse de ella. El rencor, el odio, el ánimo de venganza, la intolerancia, la preopotencia, la arbitrariedad y la impunidad que Calderón propició siguen aquí, mientras el descansa en Madrid y se prepara a vivir en los Estados Unidos. Enrique Peña Nieto y su gabonete de seguridad, tienen
que poner desde hoy lo mejor de sus capacidades, de su inteligencia, se sus habilidades operativas para lograr amainar la tormenta que nos cae encima. Estas fechas decembrinas han estado plagadas de actos violentos, de agresiones y asesinatos, que nos recuerdan que las cosas no se areglan con simples buenas intenciones ni declaraciones por contundentes que sean, sino que hay que ponerse a trabajar en esa estrategia integral contra la delincuencia es sus múltiples formas y sus distintas caras.
Es urgente devolver la paz y el orden al país si se quiere avanzar en el progreso; pro también hay que repensar el modelo de nación, de sociedad y economía que hemos puesto en práctica desde Miguel de la Madrid hasta el momento presente. Repensarlo para dejar de atacar los efectos y combatir las verdaderas causas. Un modelo socioeconómico que produce estancamiento, desempleo y subempleo, bajos salarios, inestabilidad laboral, la eliminación de derechos y prestaciones a empleados y trabjadores; que propicia la competencia desleal entre empresas y alienta los monopolios; que debilita al Estado, es sin duda causante de toda este debilitamiento de las estructuras sociales, unos de cuyos más evidentes efectos son precisamente el aumento de la delincuencia y la violencia, las formas de economía informal, la marginación y el empobrecimiento colectivo. La política general del gobierno tiene que ir dirigida a fortalecer el tejido social, a crear lazos de cooperación, solidaridad, en un marco de paz y orden. No es, como pensaba Calderón, echándole más combustible al fuego, como éste se va a apagar.
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