Siepre he admirado a a quelos que han luchado tenzmente por sus ideales, por sus objetivos y metas.
Pero como todo en la vida, hay momentos en que esa tenacidad se puede converir en necedad y con un ello en un obstáculo que atenta contra los fines buscados, en lugar de facilitar su alcance. Esa me parece que es hoy la actitud de Andrés Manuel Lopez Obrador, que una vez más se niega a reconocer el gobierno de Enrique Peña Nieto, acusando de ilegal e ilegítimo su mandato. El asunto no sería tan problemático, si no fuera porque por otra parte, Andrés Manuel Lopez Obrador aspira a que su Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) se convierta en un partido político reconocido, lo que de facto significa teenr que aceptar a las Instituciones políticas que hoy pone en duda y en algun otro momento ha negado, ¿o es que MALO aspira a crear un partido que viva en la clandestinidad permanentemente? Ciertamente la sociedad mexicana necesita de partidos que legal y legítimamente la representen en su pluralidad ideológica, y MORENA puede y debe de ser uno de esos partidos, pero para ello, López Obrador debe resolver esa contradicción que lo mantiene en el filo de la navaja y que pone en peligro su proyecto partidista tanto como su liderzgo personal. No dudamos de los nobles ideales que guían la conducta de Don Manuel, pero si cuestionamos ese afán d mantenerse en una posición por demás ambigua que resta credibilidad a su postura y lo hace balnco de atques por parte de sus enemigos políticos. Si MORENA ha de representar legal y legítimamnete los intereses y aspiraciones de millones de mexicanos, debe hacerse dentro del orden legal institucional no fuera de él, o peror aun, con un pie dentro y otro fuera. Así que no se trata de llamar a López Obrador a renunciar a sus principios, valores, aspiraciones, sino a encotrar el mejor camino para él y su movimiento puedan expresarlos y llevarlos a la práctica real. Que los intereses de esos millones de mexicanos que lo siguen queden bien representados y con posibilidades de converir esas aspiraciones en hechos concretos que mejoren sus niveles y calidad de vida. Toda estrategia, toda política, toda práctica de MORENA no puede tener otra finalidad que mejorar sustantivamente la situación de millones de mexicanos que hoy viven en la pobreza y la marginación, en la ignorancia y el desempleo, en el miedo y la violencia, la enfermedad y la deseperanza. En tal situación no quedan sino dos caminos la pela revolucionaria o la lucha desde el orden institucional, lo que no se puede es seguir en la ambigüedad. Y si se quiere contruir la sociedad "amorosa", no hay opción por la vía violenta y destructiva. Sí para la vía constructiva y propositiva que tal vez requiera de mucha más inteligencia, creativida e imaginación, mucha más capacidad de dialogar y convencer, que la lucha en la marginación y la clandestinidad. López Obrador y MORENA están en muy buen momento para elegir el camino a seguir en ien no sólo de ellos como institución política y movimiento social, sino para México.
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