Desde Heráclito hasta nuestos días, muy diversos autores han sostenido la toería de que todo en la naturaleza y en el universo está en constante movimiento. En realidad nada permanece estático, aunque a veces por lo lento o lo imperceptible del cambio éste no se note. Y cuando este cambio se trata de detener o por lo menos se le niega, de alguna manera empezamos a morir. A morir porque nos aferramos a un pasado o a un presente por el miedo a lo que podrá venir más adelante. Así nos aferramos a una religión, una escuela filosófica, una ideología política, ciertas tradiciones y costumbres, queriendo que estas nunca cambién. Y sin embargo, estas cambian y se transforman pese a nuestros deseos, pero como lo hacen en contra de nuestra voluntad y nuestra resistencia, muchas veces dichos cambios se salen de control y nos acaban afectando negativamente. Pues en lugar de ser actores y participes del cambio, nos volvemos espectadores pasivos del mismo. Esto es mucho de lo que hoy vivimos en México, más allá de la coyontura electoral, más allá de partidos políticos y candidatos específicos. México es todavía una sociedad ultraconservadora en muchas cosas, se ha aferrado neuroticamente a la religión, a una idea del progeso distorcionada, a costumbres, tradiciones y valores que ya caducaron hace mucho tiempo, en prácticamente todos lo ámbitos de la vida social, la economía, la política y la cultura. Queremos ir hacia adelante, pero a la segura, gradualmente, paso a paso, porque etamos traumatizados por los cambios tan violentos y drásticos de nuestra historia; la Conquista, la Independencia, la Revolución. Cambiar nos da miedo, le tememos al futuro, máxime si este nos exige, madurar, crecer, hacenos independientes y responsables. Queremos seguir dependiendo de la Virgen de Gauadalupe y San Juan Diego, de los güeritos ojos azules, del progreso ya comprobado de los gringos o los europeos a quies admiramos cual si fueran dioses. Quremos eguir dependiendo del PRI, porque como dice el dicho, "más vale malo pero conocido, que bueno por conocer." El furuto nos asusta, asumir las riendas y el control para dirigirnos hacia el futuro deseado nos produce grandes ansiedades y angustias. No las soportamos y preferimos caer en el inmovilismo.
Y al hacerlo, como sociedad y cultura empezamos a morir lenta y calladamente. Pero eso es preferible a hacernos responsables de nuetro destino. Somos una sociedad de niños y niñas asustados, de neuroticos que persisten en las mimas soluciones a pesar de los mil y un fracasos que hemos sufrido. Así somos una sociedad moribunda, pese a los sueños de progreso y bienestar que no son sino fantasías, pues no estamos dispuestos a dar el paso adelante. Tal es hoy la sociedad mexicana dispuesta a morir antes que brincarse sus miedos y enfrentar de cara el porvenir de manera creativa e imaginativa, con esfuerzo y trabajo, con dedicación. En ese ambiente no es de extrañar la enorme frustración del mexicano, sus excesos, su "valemadrismo" su irresponsabilidad, su falta de compromiso, su corrupción. México hoy está al borde del precipicio, de la muerte, por obra y gracia de los propios mexicanos, no hay nadie más a quien cupabilizar y responsabilizar.
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