Gran revuelo han causado las declaraciones del joven Juan Pablo Castro Gamble, representante de Acción Nacional, y estudiante de la Universidad Iberoamericana, en la Cámara del Diputados.
El joven declaró que el gobierno perredista del Distrito Federal, se ha dedicado a destruir la las instituciones, con medias tales como permitir el matrimonio entre jotos, o estar a a favor del aborto. El asunto merece atención pues refleja muy bien el sentir y la ideología de muchos jovenes de los sectores medios y altos de nuesstra sociedad, y también su profunda intolerancia y desprecio por todo lo que no esté de acuerdo con su manera de pensar. Aun más, manfiesta la incapacidad para asumir una actitud verdaderamente critica y racional frente a una realidad que lo confronta duramente. Una actitud verdaderamente critica se fundamenta en la razón y no requiere de insultos ni descalificaciones de los que piensan y sienten diferente. Por supuesto que el joven Castro tiene todo el derecho a pensar lo que él crea conveniente, y también defendemos su derecho a opinar sobre los matrimonios entre personas del mismo sexo, o si el aborto es o no permisible. A lo que el estudiante no tiene derecho, ningún derecho, es a la ofensa como arma, cuando en realidad se carecen de argumentos. Preocupa sobre manera que la Universidad no enseñe a estos jóvenes de hoy a pensar con racionalidad, coherencia y buen juicio, pues por lo menos en mi caso, fue uno de los agrandes aportes que la Universidad Iberoamericana me hizo durante mi formación profesional como sociólogo. Así que no quiero dejar de mostrar mi preocupación por la existencia de estudiantes con tan baja capacidad analítica y crítica, en una universidad del prestigio de la UIA, que en mi época de estudiante mostró, como institución, un espíritu abierto al diálogo, la confrontación de ideas, el aprendizaje compartido y el enriquecimiento personal y profesional.
El joven Juan Pablo Castro, debiera darse cuenta que un espacio como la Cámara de Diputados, no es un lugar para ir a gritonear, para ir a confrontar, injuriar o difamar, sino un sitio para el diálogo, la negociación y el acuerdo. Ya es hora de superar esa intolerancia reconociendo que somos un país múltiple y plural, donde todas las voces deber ser escuchadas.
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