martes, 5 de marzo de 2013

Injusta repartición de la riqueza

No es ninguna novedad deccir que México es uno de los paises con más desigual distribución de la riqueza. Unos pocos ricos, muy ricos conviven con alrededor de 60 millones de pobres, de los cuales aproximadamente 12 millones viven en pobreza extrema. Se trarta de una desigualdad que lastima gravemente a la sociedad mexicana. Máxime cuando, según la revista Forbes, México cuenta con 15 de los hombres y mujeres más ricos del planeta. De hecho cuanta con el más rico de todos, el Ing. Carlos Slim. Esta enorme diferencia ntre esos 15 hombres y mujeres de negocios y los 60 millones de pobres nos cuestionan el modelo económico que se ha venido siguindo desde Miguel de la Madrid para acá.  Un modelo neoliberal y tecnócrata que ha sido incapaz de generar las tasas de crecimiento que el país requier, pero peor aun, ha sido inhábil para repartir equitativamente esa riqueza generada entre los más de 110 millones de habitantes con que cuenta la nación. Así las cosas, las diferencias económicas han tendido a agradarse en lugar de disminuir, y con ellas, también las difrerencias sociales, culturales, educativas, etc. de tal manera que habiendo quien lo posee prácticamente todo hay quienes no tienen nada ni para el día presente. El sistema económico se ha vuelto contra los propios seres humanos convirtiéndolos en reos del hambre, el desempleo, la delincuencia, la incultura, y con ello cerrándoles los caminos para una vida digna de ser llamada humana. Se ha dicho que con la riqueza acumulada por esos 15 multimilonarios se podría pagar la deuda externa, yo prefiero pensar que con esa riqueza todos os mexicanos podrían tener comida en las mesas de sus casas, servicios médicos, educación, cultura, vestido, trabajo estable, seguridad social. Pero se requere no sólo buena voluntad y menos egoísmo y mezquindad; se necesitan políticias económicas que ayuden a la distribución adecuada de la riqueza. Y no se trata de regalar el dinero, no se trata de simple caridad, sino del reconocimiento de la dignidad de cada ser humano en esta nación. Y, a partid de ello de usar la  ciencia y la tecnología para crear empresas, empleos, proyectos y políticas económicas para tal fin. Hace falta un talante ético para la económia y la política, pues el asunto de la injusta distribución de la riqueza, de la pobreza extrema, no se resuelve ni por un lado, por simple buena voluntad y principios morales, ni en el otro extremo, por ciencia y tecnología deshumanizadas, frias y racionales, pero insensibles al sufrimiento  humano. Los conocimientos científicos y técnicos existen ya, pero es necesario redirigirlos hacia el bienestar  de la población con un enfoque ético.  La viabilidad de México en el presente y futuro radican en ese cambio de rumbo que tiene como fundamento una económica con ética social.

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