En estos momentos, se celebra ya el primer cónclave en la Capilla Sixtina, con el fin de elegir al nuevo Papa que sustituirá a Benedicto XVI . 115 cardenales se han reunido para tal finalidad. En estos momentos, pese a que se han mencionado varios nombres, no hay un favorito, ni siquiera dos o tres nombres que resalten. Lo que se espera es que las discusiones puedan alargarse por un buen tiempo, pues la situación por la que atraviesa la Iglesia no es nada fácil. Son muchas las preocupaciones que hoy tiene la Iglesia y reclaman diversos perfiles respecto al hombre que habrá de dirigir la Iglesia en los próximos años. Así que le elección no será sencilla ni rápida. Reclama una meditación y reflexión muy de fondo, pues sin duda, entre las prioridades para el nuevo papado estará el limpiar la imagen de la propia Iglesia ante su feligresía, pero también ante los láicos no creyentes, o quienes profesan otro credo religioso. ¿Cuál será la Iglesia católica del siglos XXI? ¿Será capaz de responder a os retos de una sociedad altamente laicisada, materialista, consumista y cambiante? ¿Podrá la Iglesia cambiar conla cleridad que exigen los tiempos? ¿Cómo logrará salvaguardar sus milenarias tradiciones y, a la vez ser capaz de modernizarse y actualizarse?
El mundo espera expectante pues el resultado del cónclave, pues de alguna manera el resultado del mismo, afectará a fondo no sólo a los fieles creyentes al rededor del mundo, sino al planeta entero, dado el enorme peso que la Iglesia Católica tiene en el planeta. La Iglesia católica puede ser, uno de los pocos contrapesos al neoliberalismo y la tecnocracia prevaleciente en el mundo occidental. La Iglesia Católica puede ser también una verdadera defensora de los pobres, los marginados, los desplazados y consecuentemente un cotrapeso a la oligarquía mundial, en congruencia con el Evangelio. Y creo que es lo que muchos pediríamos del nuevo Papa y de la institución religiosa. Más compromiso con los que sufren injusticia de cualquier tipo, más y mejor respuesta a la sociedad desde el Evangelio.
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