miércoles, 13 de marzo de 2013

Habemus Papa: Francisco I

Hace sólo unos minutos fue elegido Fracncisco I, el nuevo Papa, líder de la Iglesia Católica.
La gran sorpresa sin duda que sea un argentino, de origen italiano. Sorpresa porque se creía que en la elección predominaría la tendencia a elegir a un nuevo Papa eropeo, y más específicamente italiano, pero no fue así. El nuevo Papa, como el dijo en sus propias palabras, viene casí del fin del mundo, si se considera la enorme lejanía entre la sede romana y Buenos Aires de donde es originario. El que Francisco I sea latinoamericano da esperanzas a  muchos, de que el nuevo Papa aporte una nueva visión del mundo en la que la situación de los países latinoamericanos sea considerada con más atención y donde los países del llamando mundo en vías de desarrollo ocupen un lugar más cercano a las principales preocupaciones de la santa sede, que no son pocas, por cierto.
Francisco I se hace cargo de la Iglesia crsitiana más grande del mundo en momentos muy difíciles, especialmente para la propia Iglesia, con grandes conflictos y diferencias internas, que requerirán de una mano firme y amorosa par mantenerla en una pieza. Momentos quw requieren de una serie y profunda reflección, pero también de acciones con sentido y dirección, que rectifiquen muchos de los graves errores que la Iglesia y sus miembros ha cometido. También es el momento para tratar de actualizarse, de ponerse al día, respecto a la situación del mundo contemporáneo, sin perder sus grandes valores y principios fundamentales. Un equilibrio nada fácil de lograr, entre tradición y presencia activa en el mundo de hoy. Desde sus más caros y valiosos principios y valores, la Iglesia tiene que encontrar respuestas a los grandes problemas de nuesro tiempo, porque eso es  justo lo que millones de creyentes esperan de ella.No será posible dar gusto a todos, no se podrá dcir que sí a demandas que se contraponen al Evangelio, pero sí se podrá dar sentido y rumbo a una Iglesia que parece haberlo perdido y con ello abandonado a sus fieles creyentes. Y en ese sentido, recuperar el celo evangelizador es especialmente importante, lejos de disminuir la exigencia de llevar el Evangelio a todo rincón del mundo es un imperativo presente, cada día más urgente.
No es poca la tarea que tiene frente a sí, Francisco I. Los retos son enormes y todo parece urgir para ayer, pero hay que hacerles frente en la medida de lo posible. Y si Francisco I logra unir a las fuerzas que hoy se confrontan al interior de la Iglesia, y si a los fieles creyentes se les permite una mayor participación  en las tareas de la Iglesia, probablemente se podrán resolver muchos de los grandes problemas internos y externos de la Iglesia.   Con Francisco I, una nueva era empieza en el mundo cristiano, esperemos que sea para bien.  Bienvenido Francisco I.   

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