Dos grandes errores marcan el incio de la nueva administración federal mexicana, por un lado la negativa de las autoridades en la materia de hacerse cargo de la administración y operación de Mexicana de Aviación, lo que redundaría posteriormente en su más fácil venta a empresarios privados, y la negativa de la segunda sala de la Suprema Corte de la Nación para conceder a los trabajadores del Sindicato Méxicano de Electricistas, que se considere a la Comisión Federal de Electricidad como patrón sustituto y se haga cargo de 16 mil trabajadores de la extinta Luz y Fuerza. En este segundo caso, se argumenta que el presidente de la República no puede convertirse en patrón de los empleados de una empresa que fungía como sociedad anónima, pero se olvida que fue el presidente Felipe Calderón quien ordenó la desaparción de esa empres cuyo caiptal total estaba en manos del Estado mexicano, lo que es sin duda una aberración de los ministros de la SCJN. En el caso de mexicana, se dice, es para evirarle una carga al Estado mexicano, como si no fuera una carga ya todo el proceso tortuoso de conseguir inversionsitas para una línea que esta varada en tierra y debiera etar volando para aumentar su valor de venta. Además de que la justicia no ha llamado a cuentas a Gastón Azcárraga exdueño de la empresa así como de Hoteles Camino Real, también en dificultades por malos manejos administrativos y Radio Fórmula.
Además ha habido otros errores como avalar el contrato para la fabricación de barcos (hoteles flotantes) en Galicia para Pemex, o avalar la compra de un nuevo avión presidencial (a un costo multimillonario) de un modelo cuya seguridad hoy está en duda.
Estos fallos debieran poner a pensar a más de un asesor y funcionario de la presente administración federal sobre el cómo se están haciendo las cosas. Errores de este tipo bien pueden echar por tierra al famoso Pacto por México que con tanta esperanza se ha puesto en marcha.
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