Si algo ha aprendido el Imperio nortemaericano, es que no bastan las fuerzas militares para tener control sobre los países sobre los que ejerce su influencia. Como tampoco bastan la economía y la política. Se ha tenido que recurrir a un cuarto elemento que es la cultura. Esa cultura enfocada a las clases medias, de consumo masivo, que se difunde ampliamente a través de los medios masivos electrónicos de comunicación, tanto como en el cine o la palabra escrita. Maneras de vestir informales y accesibles a casí cualquier bolsillo, musica pegajosa que se distribuye a través de emisoras de todo el planeta, información manipulada, previamente digerida, que sólo dice parte de la verdad a gusto de los poderosos, o de plano la niega está, pues puede resultar incómoda a las élites. Todo apunta y se dirige a uniformar gustos y conformar preferencias, a crear visiones del mundo parciales y unilaterales que producen conformidad y hasta conformismo. Se crean continuamente imagenes ficticias de realidades inexistentes, pero que fingen serlo a gusto de los poderosos y se enturbian las miradas del mundo circundante haciendo creer que el interés de las élites y oligarquías es el de toda la población de una nación, una región, un continente, del mundo entero. para ello se aportan millonarias cantidades de dólares o euros ... se trata de crear la ilusión de grandes y revolucionarios cambios,para que todo siga igual que antes, que ahora y que así siga siendo para siempre. El Imperio cancela toda posibilidad de cambio alternativo, y con ello también le niega a la humanidad un mañana, un futuro, una esperanza, de que las cosas no sólo pueden ser diferentes, sino mejores. El Imperio dice defender su amado "modo de vida" frente a enemigos inventados que se supone atentan contra esa casi sagrada de concebir la realidad; los "malos" atentan contra la libertad de los individuos, contra la democracia, la empresa, contra la cultura de masas, contra la vulgaridad imperante y aplaudida. Se niega así toda la posibilidad de alternativas, de diferencia, y de rala democracia en la vida social. Y así, entre comerciales, hamburguesas, refrescos de cola, jeans, héroes policíacos y el libertinaje sexual, se esconde la intolerancia, la dictadura reinante. No puede haber más interpretaciones de la realidad que la que impone el Imperio, no puede haber alternativas a su poder a su soberbia, as su miopía, a su sordera disfrazadas de verdad.
Y en ese talante, pasará con el Imperio nortemaericano, como sucedió con el Romano y muchos otros, que las secuelas de su cultura, sus costumbres y tradiciones perdurarán muchos siglos después de su caída y derrota final. pero la primera y más importante lecciones que la cultura es el arma más poderosa de conquista e imposición de un Imperio, por sobre las armas, la política o la economía. La conquista cultural gana adeptos incondicionales pues la cultura no es vista como una amenaza en general, salvo por pequeños setcores de la sociedad más conscientes y beligerantes. La cultura se come con las pizzas, se bebe con la gaseosa de cola, se viaja con el avión, el autobús o el metro, se duerme con se presume con la ropa o los accesorios de moda. Es inocua aparentemente y en eso radica su enorme poder de convocatoria y convencimiento. Nadie como el Imperio yankee lo ha aprendido mejor y nadie lo ha usado mejor.
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