martes, 13 de noviembre de 2012

La cultura principal arma del Imperio yankee

Si algo ha aprendido el Imperio nortemaericano, es que no bastan las fuerzas militares para tener control sobre los países sobre los que ejerce su influencia. Como tampoco bastan la economía y la política. Se ha tenido que recurrir a un cuarto elemento que es la cultura. Esa cultura enfocada a las clases medias, de consumo masivo, que se difunde ampliamente a través de los medios masivos electrónicos de comunicación, tanto como en el cine o la palabra escrita. Maneras de vestir informales y accesibles  a casí cualquier bolsillo, musica pegajosa que se distribuye a través de emisoras de todo el planeta, información manipulada, previamente digerida, que sólo dice parte de la verdad a gusto de los poderosos,  o de plano la niega está, pues puede resultar incómoda a las élites. Todo apunta y se dirige a uniformar gustos y conformar preferencias, a crear visiones del mundo parciales y unilaterales que producen conformidad y hasta conformismo. Se crean continuamente imagenes ficticias de realidades inexistentes, pero que fingen serlo a gusto de los poderosos y se enturbian las miradas del mundo circundante haciendo creer que el interés de las élites y oligarquías es el de toda la población de una nación, una región, un continente, del mundo entero. para ello se aportan millonarias cantidades de dólares o euros ... se trata de crear la ilusión de grandes y revolucionarios cambios,para que todo siga igual que antes, que ahora y que así siga siendo para siempre. El Imperio cancela toda posibilidad de cambio alternativo, y con ello también le niega a la humanidad un mañana, un futuro, una esperanza, de que las cosas no sólo pueden ser diferentes, sino mejores. El Imperio dice defender su amado "modo de vida" frente a enemigos inventados que se supone atentan contra esa casi sagrada de concebir la realidad; los "malos" atentan contra la libertad de los individuos, contra la democracia, la empresa, contra la cultura de masas, contra la vulgaridad imperante y aplaudida. Se niega así toda la posibilidad de alternativas, de diferencia, y de rala democracia en la vida social. Y así, entre comerciales, hamburguesas, refrescos de cola, jeans, héroes policíacos y el libertinaje sexual, se esconde la intolerancia, la dictadura reinante. No puede haber más interpretaciones de la realidad que la que impone el Imperio, no puede haber alternativas a su poder a su soberbia, as su miopía, a su sordera disfrazadas de verdad.
Y en ese talante, pasará con el Imperio nortemaericano, como sucedió con el Romano y  muchos otros, que las secuelas de su cultura, sus costumbres y tradiciones perdurarán muchos siglos después de su caída y derrota final. pero la primera y más importante lecciones que la cultura es el arma más poderosa de conquista e imposición de un Imperio, por sobre las armas, la política o la economía. La conquista cultural gana adeptos incondicionales pues la cultura no es vista como una amenaza en general, salvo por pequeños setcores de la sociedad más conscientes y beligerantes. La cultura se come con las pizzas, se bebe con la gaseosa de cola, se viaja con el avión, el autobús o el metro, se duerme con  se presume con la ropa o los accesorios de moda. Es inocua aparentemente y en eso radica su enorme poder de convocatoria y convencimiento. Nadie como el Imperio yankee lo ha aprendido mejor y nadie lo ha usado mejor.  

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