jueves, 26 de abril de 2012
Neoliberalismo, enemigo del Estado liberal
Desde el giro que dió la clase política al llevara la presidencia de la República a Miguel de la Madrid y asumir como ideología al neoliberalismo, en materia económica se decidió favorecer a las grandes empresas a expensas de las medianas y pequeñas, con el pretexto de que las grandes empresas, nacionales y extranjeras, dsaban empleo a mucha gente. Actuaron totalmente en contra de lo que la propia información económica aportaba, es decir, que son las pequeñas y medianas empresas las que ocupan a más gente. Esse giro en favor de las grandes empresas ha traído graves consecuencias, por un lado la consolidación de monopolios y duopolios en prácticamente todos los sectores de la economía: la falta de oportunidades para nuevos empresarios, la limitación de la oferta de empleos, bajos salarios, la capacidad de las grandes empresas de enfrentar al Estado, la corrupción, como ahora el caso Wall Mart lo demuestra; que la carga tributaria recaiga sobre el ciudadano en lugar de la empresa. Graves distorciones que han puesto a la economía en una situación de virtual estancamiento y con muy pocas posibilidades de crecimiento, y aun menos de desarrollo. Así las cosas, las posibilidades de crecer radican en un cambio a fondo de la economía, con el fin de abrir nuevas oportunidades para la creación de empresas y la generación de empleos, rubros en los que estamos muy atrasados. Desarticular monopolios y duopolios u oligopolios que permitan la efectiva libre competencia y mayores y mejores oportunidades de empleo para millones de personas. Por otra parte, que quienes ganen más, sean personas físicas o las mal llamadas personas morales, paguen más. Adicionalmente, que los impuestos recaudados se utilicen de una manera más adecuada con el fin de distribuir por toda la sociedad, la educación, la prevención y atención de las enfermedades, el cuidado y protección del medio ambiente, la seguridad pública, el deporte, la cultura, es decir, el conjunto de los bienes públicos. No menos iportante, es la recosntitución de un sólido mercado interno. No ya ningún problema con exportar, pero las prioridades deben estar en el mercado interior y en que las principales empresas exportadoras no sean trasnacionales que establecen plantas industriales en nuestro país, sino empresas mexicanas que produzcan con altos niveles de calidad y a precios competitivos. Primero hay que producir por y para los mexicanos y, después, para el resto del mundo, en la medida de lo posible. El descuido del mercado interno fue un gravísimo error del gobierno y los empresarios mexicanos. Digamos que una economía sana empieza por su propia casa y atiende primeramente a los de casa. Desafortunadamente, en economía, como en muchas otras áreas de la vida social, en México, ésta ha sido candíl de la calle y oscuridad de la casa. Y como se ha podido observar los resultados están muy lejos de ser los deseables y esperados. Reconozcamoslo ya, hoy, el principal obstáculo a la implantación del Estado liberal, es el neoliberalismo tecnócrata.
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