sábado, 7 de abril de 2012

De la democracia representativa a la participativa

para nadie es noticia que la democracia como la conocemos actualmente es un rotundo fracaso. Especialmente en los países del llamado tercer mundo. Las causas son múltiples, desde la falta de educción cívica democrática, hasta la inexistencia de mecanismos institucionalizados para llevar a la práctica dicha democracia. También debido a que la democracia, como sistema político, se ha quedado estancada en  una posición más bien pasiva y conservadora que ha impedido su evolución y progreso.
La deocracia se ha reducido a unos cuantos países y a los grupos medios y clases altas de dichas naciones. 
En el momento actual, existe pues una necesidad de pasar de la democracia formal y representativa, a una democracia participativa, en que la ciudadanía no sólo delegue en los funcionarios del poder ejecutivo y en los legisladores, la toma de decisiones y la aplicación de políticas públicas, sino que, de alguna forma deba participar en la toma de decisiones. Es cierto que el gobieno no puede consultar sobre cada medida que va a tomar a la población, pero si es posible que en los casos en donde las decisiones son especialmente importantes, se consulte al ciudadano, para que sea él el que decida que se debe hacer. para ello existen las cosultas, los plebiscitos, los referendums y las votaciones. Se trata de una democracia en la que no sólo se consulta la opinión pública para ver cual es el pensamiento predominante, sino que se escucha su mandato popular, -aunque no sea del gusto de la clase política-, y éste tiene un carácter vinculante, es decir, de obligatoriedad de su cumplimiento  por parte de gobernantes, administradores y legiladores. para que tal cosa suceda, es necesario que el gobierno presente a la ciudadanía sus proyectos, planes y programas con sus virtudes, sino también con sus pros y contras, y que sea el individuo, bien informado quien decida. Y decimos bien informado, no bien manipulado por la propaganda y la mercadotecnia política. El gobieno debe presentar de manera objetiva y clara lo que pretende hacer, cuál es la finalidad de sus acciones, así como los costos (políticos, económicos y sociales)  que están implicados en las acciones por realizar. Gran parte de la defensa de la nación pasa por la parte de una ciudadanía cada vez más consciente de la situación del país tanto interna como externa. Y de las psibilidades y alternativas de acción vaibles a ese respecto.
No se puede seguir considerando la democracia como asunto de unos cuantos que se ejerce a discreción de quienes ocupan las cúpulas del poder. Un marco normativo debe establecerse para reglamentar en que casos y situaciones, el gobierno no puede actuar sin el avál directo de la decisión popular, y en cuales si puede hacerlo pues se le ha delegado la autoridad para hacerlo.Ya hemos visto muchos casos prácticos en donde la delegación en supuestos representantes ha acabado siendo contraproducente para el ciudadano común. La política de combate a la delicnuencia organizada y el narcotráfico es un buen ejemplo. El presidente de la República con su intransigente y fallida estrategia ha mandado en el mejor de los casos ha 50 mil mexicanos a la muerte, la desparición, la tortura, en eel pero se habla de más de 150 mil, es decir, el triple. Casos como este no deben ni pueden volver a repetirse. El ciudadno debe decidir directamente al respecto y debe poder revocar su mandato si así lo cree necesrio y oportuno, y no esperar 6 años, a que temine la administración del presidente en turno, para cambiar las cosas. El ciudadano debe en todo momento poder revocar el mandato y destituir a sus gobernantes, y elegir a nuevos que si cumplan con lo que se les ha ordenado.    

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