lunes, 16 de abril de 2012

Calderón y la defensa del libre comercio a ultraza

Felipe Claderón, presidente de México, declaró de manera enfática  que el libre comercio era la única vía para que las naciones y pueblos crecieran y mejoraran sus condiciones de vida, para que hubiera empleos y, en general progreso. Fue una defensa a ultranza, de una idea económica liberal, convertida en verdad absoluta  y en credo de fe, por parte del Sr. Calderón, que en la realidad, se ha demostrado, no tiene sustento. Méxio es un buen ejemplo de la enorme contradicción existente entre el dicho presidencial y la realidad que viven millones de mexicanos. Pese a que México es una de las naciones con mayor número de tratados de libre comercio firmados, con diferentes países y grupos de naciones, México sigue dependiendo en aproximadamente el 80% de su comercio exterior con los Estados Unidos, de una manera poco equitativa. Y esos tratados no se han traducido en bienestar, ni en mejora de la calidad de vida, ni en más empleos, menos aun bien remunerados. Por el contrario, la pobreza ha aumentado, el desempleo, el subempleo, la economía informal también. Pero para Don Felipe, eso no existe, sencillamente se niega a verlo, pue spara él, lo más importante no es la realidad de su pueblo, sino las ideas dogmáticas que le enseñaron en la escuela y que cree a pie juntillas. Como muchos economistas, cree que un simple modelo explicativo es la veradad, y en una actitud nada científica, no reconoce que es el modelo el que tiene que ajustarse a la realidad y no a la inversa, como tontamente cree. La realidad política o económica es mucho más compleja y dinámica que cualquier modelo teórico que intente simular y explicar la realidad.  De ahí que es la realidad la que debe ser el primer factor a considerar a la hora de tomar decisiones políticas o económicas. 60 millones de pobres gritan demandando un cambio en los modelos económicos, políticos y de seguridad pública, pero Calderón ni los ve ni los oye, para él su pobreza no es sino un daño colateral justificado en aras de venerar y adorar al dios del libre comercio y la más salvaje explotación capitalista de su pueblo. Grave situación cuando se confunden la realidad y la fantasía, cuando las fronteras entre una y otra cosa, se vuelven difusas o inexistentes a la vista del gobernante. Desafortunadamente es algo muy propio del Sr. Calderón, de sus perfil de personalidad. Intolerante, dogmático, cerrado, empecinado en unas pocas ideas, le faltaron los tamaños para ser un hombre de Estado, un gobernante  a la altura de las circunstancias, un presidente capaz de responder adecuadamente a las demandas que le planeaba su pueblo. No negamos aquí el valor positivo que pueda tener el comercio internacional, pero hay una diferencia muy grande entre creer que es la panacea que lo resuelve todo en materia económica y creer que puede ser un instrumento útil para mejora las condiciones de vida del país, si se le utiliza con inteligencia y prudencia. Abrir las puertas de las fronteras de par en par como lo hizo Carlos Salinas de Gortari ha sido uno de los errores más grandes que los gobiernos mexicanos han cometido, un pecado, si por esta palabra entendemos falta de tino o puntería.¡ Que paradoja de la vida, que un país donde el libre comercio no ha dado ni minimamente los resultados esperados, su presidente defienda este mecanismo como si fuera una verdad absoluta divina!   

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