El nuevo papa Francisco, un Jesuita Argentino ha llegado al pontificado con espíritu renovado y nuevos aires. Desde sus primeros actos públicos ha demostrado una nueva manera de hacer las cosas, basada en la sencillez y la humildad y un acercamiento al pueblo que va afortunadamente más allá de lo mediático. A difrencia de Jaun Pablo II, un Papa muy hábil en el uso estratégico de los medios de comunicación, Francisco, siguiendo la enseñanza de San Francisco de Asis, ha preferido otro nuevo camino que lo acerca más a la gente común y sencilla. Pero a esos primeros actos que demuestran una gran humildad, debe ahora corresponder una serie de decisiones y acciones que transformen a la Iglesia que quiere dejarnos Francisco, una iglesia pobre para los pobres. Una Iglesia cercana a las necesidades, penas y sufrimietos de las mayorías, que es como siempre debió haber sido. No es que nos opongamos a que la Iglesia se acerque a los ricos y privilegiados, sino que la preferencia tiene que estar necesraiamente con quienes han carecido de todo y no teien esperanza. La universalidad de la Iglesia no radica solamente en llegar a todas partes del mundo, sino a todos los estratos de la sociedad, a todas las clases, grupos y comunidades. pero para eso hay que contar con espíritu de apertura, incluyente, sensible, solidario, que ve en todo ser humano a un prójimo. Y para acercarse a todos ellos, no hay virtudes más grandes que la sencillez, la modestia y la humildad, con la buena disposición a escuchar, a a tender y a servir. La tarea que tiene por delante Francisco es muy grande, es un reto enorme, sin embargo hay que caminar decididamente hacia adelante para lograr mejorar al mundo, a los hombres y mujeres que hoy buscan orientación y guía ante una realidad cambiante que reta a los mejores espíritus para ser comprendida y transformada. La Iglesia tiene la gran tarea de ayudar a esos hombres y mujeres de maner integral, tanto en lo material, como lo intelectual y espiritual. Para ello la Igesia tiene que salir de su encierro, de su zona de confort, de su apatía, su soberbia y prepotencia, para atender en verdad al necesitado. No negamos que hoy como siempre han existido ordenes religiosas, hombres y mujeres, comprometidos con la ayuda a los demás, pero también hay muchos que se han vuelto apáticos y comodinos, dejando de lado las tareas que su Dios les encomendó y han abandonado al pueblo.
Tal ves no sea mucho lo que el Papa Francisco pueda logra, tanto por su edad, como por las resistencias que encontará dentro de la propia Iglesia y los enemigos que trataran por todos los medios de impedir las transformaciones que la Iglesia requiere, pero lo poco o mucho que logre debe ser bienvenido, apreciado e imitado, si la humanidad aspira a sobrevivir al desorden, la violencia, la deshumanización reinates. Francisco es hoy una luz de esperanza para millones de cristianos alredeor del planeta, tanto católicos, como de otras denominaciones o los que se mantienen al margen de cualquie Iglesia. Su tarea es colosal pero no imposible.
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