jueves, 11 de abril de 2013

Disfuncionalidad de las disidencias y el Estado, respecto a la sociedad

las protestas de los maestros en diversos estados de los Estados Unidos Mexicanos, que no son nuevas en sus formas y procedimientos, dejan ver que aun nos encontramos muy lejos del estado de derecho con el que los políticos y los líderes empresariales se llenan la boca. La verdad es my diferente de eso que podríamos calificar en el mejor de los casos, de declaraciones de buena fe. Estoes debido a que tanto del lado de los disidentes que protestatan y se oponen, como de las autoridades, hay claras señales de una incomprensión de lo que es el estado de derecho, la democracia y la convivencia pacífica y un orden social estable.  De ambos lados se cae en excesos y se abusa; de ambos lados se viola la ley. Unos por crer que es democrático saltarse las leyes cuando se sienten agredidos y agraviados y ootros por creer que la aplicación de la ley como función legítima del estado justifica una aplicación excesiva y cualquier abuso. La verdad es que tanto el Estado como los disidentes, por más razón que tengan, son claramente disfuncionales para la sociedad en su conjunto. Lo que lleva a la inevitable conclusión de que en este tipo de confrontamientos, todos salimos periendo. El Estado por su ineficiencia no puede mantener razonablemente el orden público, los disdentes que no saben protestar y exigir sus demandas dentro del marco de la ley, la ciudadanía que se ve impedida a funcionar adecuadamente por ser la víctima de unos y otros. La verdad es que hace falta un pacto de civilidad que permita a los disidentes protesra y luchar por sus intereses, pero que los obligue a controlar a sus miembros e incluso entregar a esos miembros a las autoridades si caen en la violencia y el vandalismo; las autoridades que deben aplicar la ley con la mira puesta en la justicia y  no en la revancha o la venganza y que tammbién deben llevar a juicio a quienes caigan en conductas delincuenciales, como frecuentemente sucede. Pero ese nuevo pacto de civilidad no puede salir de la nada, ni ser importado de alguna otra parte del planeta, sino que debe surgir desde la propia sociedad. Y ese si que es un problema ancestral y de fondo de nuestra sociedad y cultura, que pese a más de 200 años de independencia ha sido incapaz de dotarse a sí misma de un modelo propio de civilidad que prmita para todos una vida más libre y digna. Un modelo donde cabe el deacuerdo, la polémica incluso la lucha sin rebasar los límites de la ley. Un modelo en que se buscan y crean mejores leyes que no favorezcan a unos en detrimento de otros; donde el Estado es verdadero garante de la paz y orden público para todos, no sólamente para las clases y élites privilegiadas como hasta ahora. Se debe pues enfrentar con las armas de la razón, la inteligencia y la creatividad ese grave problema de disfuncionalidad del Estado y las fuerzas disidentes con respecto a la sociedad. El problema no se va a reglar cerrando carreteras o acampando en el zócalo; como tampoco se va a resolver a golpes y balazos o nventando culpables donde no los hay. En ese sentido México está en una situación de atraso muy grande, con una gran deuda para con la sociedad. Con carencias muy graves, que como ya decíamos, conducen a los excesos, abusos, impunidades de ambos lados, y eso no puede ni debe seguir así. En una agenda en favor de México, propuesta por la sociedad, la prioridad debe estar puesta en construir ese modelo civilizatorio funcional, es decir, ese modelo que permita volver realidad el estado de derecho centrado en la justicia social no en el legalismo, el desquite o la vengaza. Pero tal estado de derecho es imposible de lograr sin una cultura  que lo complemente. Se tiene que trabajar en los dos niveles, el jurídico político y el socio cultural.

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