jueves, 25 de abril de 2013
Guerrero, dislocación el orden social
Las violentas manifestaciones de violencia que el día de ayer en Chilpancingo Gro han abierto una vez más una herida a la sociedad mexicana. A decir de Minervino Morán, lider de los trabajadores de la Coordinadora de Trabajadores de la Educación Del Estado de Guerrero, los hechos violentos son consecuencia de la frustración, el coraje. provocados a su vez, por la burla y la traición de que fueron objeto los propios trabajadores, por parte del Congreso del estado y los partidos políticos. Según el Sr. Moran no se les ha escuchado y se les ha negado el derecho a proponer leyes, así como se han rechazado sus propuestas. Hay, dice él, una gran insensibilidad de parte del gobierno. Y por tales razones eso no sólo explica sino justifica la dureza de sus acciones. Aún más, Don Minervino amenza con la radicalización de las acciones de la Coordinadora, si las autoridades no se pliegan a sus peticiones y si se ejercen las ordenes de detención en su contra y de otros líderes magisteriales que lo acompañan en su movimiento. El profesor Morán acusa de represor al estado mexicano y nos habla también de democracia y aunque no la menciona por su nombre, de impunidad. Todo esto resulta muy doloroso y lamentable, habla de una ruptura entre autoridades y educadores y de una dislocación del orden social. No podemos dar la razón al profesor Morán en cuanto a sus procedimientos, no le podemos conceder la razón cuando acusa al estado mexicano de violar los derechos de los trabajadores y el orden legal, cuando él mismo lo hace. No se puede pedir respeto a la ley violándola, y no se puede acusar de represor al gobierno, cuando se actúa vándalicamente como lo hace su grupo. Igualmente es reprochable su deseo de imponer a la buena o a la mala sus puntos de vista y si no son aceptados hablar de intolerancia, cuando los hechos de ayer demuestran ese mismo grado de intolerancia. En la democracia no siempre se gana y no se trata de imponer a la fuerza ninguna supuesta verdad por noble que sea. Se trata de dialogar, negociar, acordar, y eso tanto de parte del Estado como por parte de los trabajadores,en este caso, de la educación. Cuando no hay esa vocación democrática ni esa voluntad política de escuchar y atender al otro, actos como los de ayer son esperables. El diálogo no puede proponerse en términos de que una de las partes (o las dos) tiene, de entrada, la razón y la verdad y el otro es quien tiene que ceder. Ambas partes tienen que convenir en enriquecer una propuesta, en este caso educativa y no caer en una polarización, que como se ha visto, daña a todos y no beneficia a nadie. Y ninguna de las dos partes en conflicto puede sostener que el tener la supuesta razón, les da derecho a violar las leyes y actuar con completa impunidad. Y es hora que como sociedad maduremos y nos hagamos responsables de nuestros actos, la impunidad de que ha echo gala el profesor Moran debe ser castigada conforme a derecho, tanto como cualquier exceso por parte del Estado. Buenos fines requieren buenos medios, el fin no justifica el uso de estratégias, acciones o movilizaciones contra ala sociedad.
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