jueves, 11 de octubre de 2012

La contradicción entre mayor esperanza de vida y más corta vida laboral activa.

No se si no lo pueden ver, o no lo quieren mirar, pero una de las tendencias más peligrosas del capitalismo actual es la contradicción entre una mayor esperanza de vida y una vida laboral más corta, a la que se le están tratando de quitar prestaciones, como la seguridad social, y se le están tratando de disminuir salarios. Cada vez es más frecuente ver que a personas de más de 45 años ya no se les quiere contratar en las grandes empresas de todo tipo, igual así sucede en los gobiernos. Mientras que el aumento de esperanza de vida ha aumentado a casi los 80 años de vida, alrededor de 77 años para ser más cercanos a la realidad. De continuar esta tendencia, nos encontraremos que una proporción muy grande de la población se verá obligada al autoempleo, subempleo o el desempleo abierto. Que muchos tendrán que recurrir a la economía informal para poder sobrevivir por más de 35 años de sus vidas. No es para nada un panorama alentador, y ciertamente debe ser una preocupación muy seria para la sociedad occidental. Las posibilidades de un colapso son cada vez mayores y de darse éste, la revuelta social, la violencia y el caos aparecerán irremediablemente.
Hoy muchos gobiernos se preocupan por los jóvenes y lo hacen con toda razón y justicia, pero al hacerlo descuidan a quienes ya se encuentran en la etapa de la madurez o de la vejez. Y ellos también necesitan del empleo, del sueldo y la seguridad social, no sólo de una raquítica pensión y la limitada ayuda   del gobierno.
El Estado debe volver sus ojos a esta grave problemática, que de una manera u otra se manifiesta en todos los países del mal llamado mundo libre u occidental. Hay que buscar los mecanismos que permitan invertir ala contradicción entre mayor esperanza de vida y menor vida laboral activa.  Aquí nos va la vida como civilización. No es un asunto sencillamente de buenos sentimientos e intenciones, sino un problema grave y muy real que requiere de atención urgente. El estado no pude hacerse el desentendido, la sociedad misma no puede fingir no ver lo que está pasando. Un mínimo de humanidad llama a atender este urgente problema, máxime porque nuestras sociedades están envejeciendo rápidamente. Hoy tenemos en muchos países una enorme mayoría de jóvenes, pero al paso de unos cuantos años, ellos serán gente madura y unos pocos más, ancianos. Y sus vidas y salud y bienestar debe estar protegida por el Estado y la sociedad. Ninguna sociedad se pude dar el lujo de abandonar a sus ciudadanos, máxime cuando ya han acumulado conocimientos y experiencia, y han adquirido sabiduría, cosa de la que los jóvenes carecen, como lo vemos todos los días, por ejemplo en el ámbito político, con muchachos inexpertos a quienes se les delegan posiciones de gobierno. tal vez todavía haya la oportunidad de revertir este perverso proceso social contradictorio y salvar a nuestras sociedades de la autodestrucción.

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