lunes, 3 de septiembre de 2012

Proyecto de reforma laboral de Felipe Claderón

El proyecto de reforma laboral presentada por Felipe Calderón presentado hace unos días al Congreso de la Unión, como era de esperarse se corresponde con las políticas que en la materia a impulsado el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización Mundial de Comercio (OCDE), y en general la oligarquía mundial. Se trata de medidas que apuntan a "flexibilizar" el trabajo de acuerdo a los intereses de esa oligarquía, dueña del capital internacional globalizado. Se trata de "transparentar" a los sindicatos, reducir su poder de resistencia y negociación, eliminar prestaciones, y dejar al trabajador indefenso frente a los dictados del capital. Se propone el trabajo pagado por horas, legalizar la subcontratación, los contratos temporales, facilita los despidos e impulsa la figura de las "multihabilidades". En caso de los salarios caídos, establece un límite de 12 meses para su pago en casos de huelga o conflictos laborales. Finalmente propone la limitación del derecho de huelga. Se trata entonces, de beneficiar al capital por encima y en contra de los intereses de los trabajadores.
Con este tipo de medidas neoliberales se pretende eficientar el trabajo y aumentar su productividad a decir de la tecnocrácia que sostiene este proyecto. Pero se olvida que lo que debe hacerse es mejorar sustancialmente las condiciones de vida del trabajador y sus familias. Que el factor más importante es sin duda el ser humano y que el capital debe depender de este y no al revés como hoy los neoliberales pretenden en México y todo el mundo occidental. No es el hombre el que tiene que servir al dinero y la maquina, sino al revés, el dinero y las maquinas están para servir a los seres humanos, para proporcionarles un mejor nivel y calidad de vida.
De aprobarse semejante proyecto de reforma laboral no sólo estará aumentándose la tasa de explotación del trabajador, como propondrían Marx y Engels, sino se está cerrando un caldo de cultivo para un estallido social. Con las altas tasas de desempleo y subempleo, con los bajos salarios, con la inseguridad del empleo, con el enorme ejército de reserva presionando hacia abajo los salarios y la permanencia en el empleo, las condiciones sociales, económicas y políticas se deterioran peligrosamente. Sí el Estado, copado por el gran capital internacional, avala estas medidas propuestas por Felipe Calderón, que en gran mediad es compartido por el PRI, el PAN, los Verdes y la nueva administración Peñista, se estará avanzado en el camino propuesto por las grandes instituciones internacionales, pero se retrocederá en la vía de crear un país, más justo, equitativo, que pueda vivir en paz y progresar. Ejemplos del fracaso de esas políticas las tenemos en muchos países de América Latina. Los países que han rechazado semejantes programas laborales y económicos, han crecido más que México y han avanzado en términos de justicia social, como el caso de Brasil, hoy convertida en la primera potencia subcontinental. O Uruguay que hoy ofrece los niveles de vida más altos vida de América Latina. México está siguiendo el rumbo que le marcan los organismos internacionales del gran capital, y eso no significa que eso beneficie realmente a nuestra sociedad en general, sino sólo a parte de ella, a una parte muy limitada y pequeña, vinculada a ese gran capital globalizado. Estamos perdiendo autonomía y soberanía en aras de un proyecto económico y laboral que nos vuelve más dependientes de las fluctuaciones económicas internacionales fuera de nuestro control, al tiempo que internamente se debilita nuesra sociedad en todos sentidos.  No nos extrañe el aumento del descontento, las protestas, la resistencias, la delincuencia y la violencia. 

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