Apoco más de un mes para que Felipe Calderón entregue la presidencia de la República y pese a la campaña mediática que se lleva a cabo para resaltar los logros de su administración, tres eventos empañan la ya de por si dañada imagen de Don Felipe: el asunto de los hoteles flotantes encargados por Pemex a dos astilleros gallegos; el asunto Televisa, en Nicaragua y; la reforma a la ley laboral.
En los tres casos resalta la opacidad y las componendas para ocultar la verdad y las verdaderas intenciones. En el caso de Pemex ni la presidencia de la República, ni la Sectretaría de Energía, ni Petróleos Mexicanos, incluyendo su poderosos sindicato han hecho pronunciamiento alguno; tampoco lo ha hecho el gobierno gallego, lo que hace sin duda suponer que hay actos de corrupción muy graves en esa operación financiera. En el caso de Televisa en la hermana República de Nicaragua, pese a que la empresa televisora niega la propiedad de las camionetas y que los 18 detenidos sean empleados suyos, hay muchas dudas respecto a la veracidad de tal declaración. Por lo menos dos de los detenidos si eran empleados de la televisora y hasta donde se sabe los registros de propiedad señalan que las camionetas si son propiedad de Televisa, al igual que el equipo que contienen. Finalmente, en el caso de la ley laboral, su tinte neoliberal está más que claro y apunta a beneficiar a la clase empresarial en detrimento del trabajador. Las supuestas virtudes de la ley, lejos de fortalecer el empleo y mejorar el salario apuntan a su debilitamiento, así como a favorecer la explotación del trabajador, dejando a este último desprotegido y desamparado frente al capital.
Son tre eventos, que muesran el rostro de la impunidad, la corrupción, la displicencia del gobierno de Felipe Calderón, así como su buena disposición a plegarse a los intereses y dictados del FMI, el Banco Mundial, la OCDE y demás organismo defensores de la oligarquía mundial y el capital. También nos muestran a un gobierno que cedió de manera abyecta a los intereses de las televisoras, especialmente Televisa, cuya pobidad ha quedado mucho muy en duda. Y ni que decir de Pemex, una empresa que se ha significado por su corrupción, especialmente en los últimos sexenios.
Así que Felipe Calderón sigue sumando puntos negativos que oscurecen aún más su muy cuestionada administración. Si uno había creído ver en el gobierno salinista la máxima expresión de la corrupción y el entreguismo a los intereses extranjeros, la administración de Calderón lo ha superado con creces sin duda alguna. Una lástima, pues muchos tuvieron esperanzas en que los gobiernos panistas darían un giro positivo al país, administrando a la nación con honradez, patriotismo, y buen juicio, lo que en realidad no sucedió, especialmente en los últimos 6 años.
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