miércoles, 13 de junio de 2012
La lección de estos tiempos electorales.
Los días que han transcurrido en la campaña electoral de este año, nos han dejado muy importantes lecciones. La primer de ellas, ha venido de parte de los universitarios que originalmente formaron a los 131, y después conformaron "Yo soy 132". Ellos nos han enseñado a dejar atrás la apatía, el conformismo, la pasividad, frente a lo que hacen los políticos y los medios masivos de comunicación, especialmente los electrónicos. Que la sociedad tiene que hacerse responsable de sí misma, y que por lo tanto no se puede delegar y dejar a su libre arbitrio a políticos, y por cierto también, a los economistas. En adelante, siguiendo el ejemplo del los 132, como ciudadanos debemos estar atentos y vigilantes de la política y los políticos; de la economía y los economistas. A nadie más se le debe dejar sólo, menos aun si a este se le ha dado poder de ejecutar planes y programas, o se le ha permitido legislar o impartir justicia. Igual cosa puede decirse de quienes ostentan una concesión de medios de comunicación y pueden influir directamente en la opinión pública, a veces de maneras muy sutiles y disfrazadas. La lección es que la sociedad civil debe organizarse para vigilar a quienes ejercen cargos públicos o realizan actividades que por sus características pueden incidir en la cultura o la mentalidad de la ciudadanía. La lección es que durante todos estos años que se les ha dejado gobernar han hecho lo que han querido en beneficio propio y de sus compinches, sin importarles mayormente el país y sus habitantes. Y la lección respecto a los medios es que durante sexenios se les dejó crecer irresponsablemente y adquirir un poder que hoy es capaz de contender contra el Estado mismo queriendo incluso controlarlo. Así que no queda sino asumir la responsabilidad que como miembros de la sociedad nos corresponde y no dejar que ningún grupo, clase, organización o corporación imponga su voluntad arbitrariamente. Y ésto es válido también para el gobierno, que no puede convertirse en poder omnímodo sobre la sociedad. Esos poderes no pueden frenarse sin una sociedad bien informada, consciente, activa participativa. Y vale decir aquí, que no se trata de reprimir y menos aun suprimir, sino de que operen un conjunto de equilibrios que permitan una convivencia pacífica en lo posible. La regla del juego en una sociedad libre y democrática, abierta y tolerante, es el equilibrio dinámico entre la distintas fuerzas, sociales, políticas y económicas.
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