A estas alturas de la campaña, faltando ya menos de un mes para las elecciones presidenciales, dos cosas quedan muy claras. La primera, que en política no hay lealdades de por vida. Así lo ha demostrado Vicente Fox al llamar a los panistas a votar por Enrique Peña Nieto en lugar de la candidata blanquiazul Josefina Vázquez Mota. Ejemplo que ya otros panistas están siguiendo aunque guarden las apariencias de fidelidad al PAN y su candidata. Un ejemplo de pragmatismo extremo, en donde de lo que se trata es de ir con el supuesto ganador sea este quien fuere, pues los intereses personales particulares, el mantenimiento de privilegios, el gozar de las mieles de estar con el ganador, están por encima de cualquier otro interés partidista. Así que si ayer se apoyaba apasionadamente a Felipe Calderón del PAN, ahora se puede apoyar sin vergüenza alguna a Enrique Peña Nieto del PRI y tal vez mañana, si las circunstancias y la protección de los intereses personales así lo demandan a un candidato de la izquierda como pudiera llegar a ser Marcelo Ebrard o cualquier otro. En política, especialmente a la mexicana, no hay honor, ni pudor ni recato, menos aun lealdad alguna. Lo que sí importa es salir en la foto, levantándole la mano al ganador a sabiendas que se recibirá de él la protección, el ocultamiento o el disimulo que permitan seguir depredando a la nación, que dicho sea de paso, sigue siendo considerada como botín de unos cuantos en detrimento de las mayorías, y aun en contra de ciertas fracciones de la propia clase dominante.
Lo segundo que queda diafanamente claro es que a estas alturas, no son sino recursos propagandísticos, las declaraciones de que tal o cual candidato lleva la delantera y será el o la ganadora de la elección presidencial. Hoy ningún candidato puede afirmar con veracidad que él será el ganador. La brecha entre unos y otros, se ha venido cerrando y cualquiera de ellos, Enrique Peña, Andrés Manuel López o Josefina Vázquez puede, eventualmente ganar. Mucho dependerán de la inteligencia con que actúen en esta ya, podríamos decirle, recta final. Tal vez sólo Gabriel Quadri esté realmente fuera de la jugada.
Así las cosas, es necesario estar lo mejor informados lo mejor posible sobre las propuestas de cada uno, y cuestionar a los candidatos para que respondan a las preguntas que legítimamente como ciudadanos queremos que se nos responda. No hay que dejarse llevar por chismes, descalificaciones, ofensas, que no hacen sino tratar de distraer la atención hacia cuestiones de menor importancia. Lo importante no es si Peña Nieto es o no mujeriego, o si Vázquez Mota es feminista o no, o si Andrés Manuel es conocido de Hugo Chávez o amigo de Fidel Castro; lo importante es que proponen para resolver los problemas de violencia, inseguridad, desempleo, educación, cuidado del medio ambiente, etc. Ahí es donde ha de ponerse la atención ciudadana. Como también es importante que nos digan con quienes gobernarán, sus respectivos gabinetes. El verdadero peligro para México no es determinado candidato, sino la manipulación descarada que se quiere hacer de la opinión pública, el ocultamiento de información, la creación de ídolos de pantalla televisiva; el peligro para México es que se nos quiera imponer la "verdad" de la televisión y el periodismo de los paleros al servicio del mejor postor y no de la verdad ni la justicia.
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