martes, 2 de julio de 2013

Legalismo mexicano

En México, la clase política cree que los problemas públicos se areglan creando leyes y reglamentos. Hay cientos de leyes para todo lo pensable y estas leyes las más de las veces no operan como debiernan, en gran medida porque se les desconoce o porque esas leyes se contraponen con otras. También porque contradicen la Constitución, o porque no tienen los reglamentos que las hagan operativas en la práctica. Así nos hemos llenado de leyes pero estas son en gran medida palabra muerta. El grueso de la población las desconoce o sencillamente las ignora y vive tratando de arreglar sus asuntos como puede. Ese rechazo o ignorancia de la ley hace que muchos ciudadanos sea objeto de abusos por parte de las autoridades y los profesionales de la abogacía. Y en otros casos que la gente, según  su criterio particular se tome la "justicia" por propia mano.
Pese a todo ello, la clase política y los gobernantes insisten obsesivamente en crear leyes o en modificar una y otra vez las existentes, sin establecer los mecanismos para difundir ampliamente entre la población el contenido de esas leyes y sus formas de apicación.
Sobra decir que para el mexicano, la ley tiene siempre un carácter negativo (punitivo) y restrictivo. No se ve a la ley como una oportunidad de ejercer sus derechos de manera organizada y positiva, es decir, como un instrumento para su beneficio personal o colectivo.  Y eso hace aún más difícil el tema de cumplir la ley. Hay pues una desconexión entre el aparato legal y la sociedad, que se convirte en oportunidad para el abuso, la impunidad, la irresponsabilidad y la corrupción.
No es gratuito que una y otra vez se mencione como aspiración alcanzar el estado de derecho por parte de los gobernantes en turno, como tampoco lo es que se trata de simple demagogia ya que nos e hacen los esfuerzos ncesarios para que la sociedad conozca sus derechos y obligaciones. Todo parece indicar que de lo que sí se trata es de que la ley sea un conocimiento propio de "iniciados", los abogados, los ministros, los jueces y nadie más.
En esta situación, es difícil construir civilidad y fortalecer la trama social. Y esos son sin duda dos problemas del México de nuestros días que urgen resoverse.
Acercar la ley a la sociedad y la cultura es una tarea vital de toda sociedad que quiera vivir en paz, organizada y civilizadamente.  

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