martes, 15 de enero de 2013

Las cartas de Javier Sicilia y Sergio Aguayo

Javier Sicilia y Sergio Aguayo acaban de dirigir dos importantes cartas, una drigida a las autoridades de la Universidad de Harvard, en protesta por la inciorporación de Felipe Calderón  a su claustro de porfesores, y la otra al presidente Omaba, para que de una vez por todas frene el contrabando de armas de los Estados Unidos a uestro país. En ambos casos, las cartas van acompañadas de miles de firmas de apoyo de mexicanos que vinen tanto en México como en el vacino país del norte. Méxicanos preocupados por el contrabando de armas a nuestra patria y sus funestas consecuencias, y por el nombramiento de Felipe Claderón como asesor para un cierto grupo de alumnos de la prestigiada universidad norteamericana. Ciertamente Calderón carece no sólo de las cartas credeciales que lo acrediten como un académico de primer nivel, sino tambiéncarece de la estatura moral para colaborar en la educación de los jóvenes univesitarios de Harvard o cualquier otra institución de educación supererior en Estados Unidos, México u otros paises. Esperemos que en uno y otro caso, las autoridades de Harvard así como el gobierno de Obama, sean sensibles a las demandas de miles de personas que legítimamente protestan contra la pésima administración de Claderón  y los miles de muertos que propició con su ineptitud y cerrazón ya falta de sensibilidad.
Y también por la insensibililidad del gobierno norteamericano hacia los miles de muertos, desaparecidos y desplazados deidos en gran medida al tráfico ilegal de armas a México.
Sin duda, muchos más mexicanos deben sumarse a las iniciativas de Sicilia y Aguayo para lograr que ellos y los que ya firmaron, sean escuchados y atendidos a la brevedad. Calderón tiene mucho que explicarle a la justicia nacional e internacional sobre sus actos de gobierno, antes de ser declarado fuera de toda culpa. Y ciertamente Obama tendrá también mucho que decir sobre su desinterés en frenar el tráfico ilegal de armas a México, como también deberá rsponder a esas trágicas muertes de jovenes en escuelas que nunca debieron haber sucedido, si tuviera el gobierno control de a quién se le venden armas.

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