domingo, 25 de septiembre de 2011

Transformación social en el barrio de La Lagunilla.

El barrio de La Lagunilla es uno de los barrios más antiguos de la ciudad de México. Data de la época pregispánica y desde sus inicios tuvo una vocación comercial que persiste hasta el día de hoy. Originalmente albergó un embarcadero  estratégicamente establecido con el fin de servir al tianguís de Tlatelolco. Con el paso del tiempo, con el crecimiento de la ciudad la laguna sobre la que se estableció este ascentamiento humao se fue desecando, hasta que no quedó de ella, nada más que el nombre que hasta hoy se conserva. La Lagunilla es un barrio ecino inmediato de Tepito, otro de los más añejos barrios citadinos, y con el cual comparte la vocación comercial y muchos problemas de índole social, política y económica. La lagunilla se ha especializado en el comercio de antigüedades, objetos de arte, decoración, joyería, platería, objetos pregispánicos, así como ropa informal, vestidos de novia, quinceañeras. También se pueden encontrar imprentas, recuedos para bautizos y primeras comuniones, así como muebles. Pero hay sin duda, ahora mucha más variedad de productos de orígen asiático. Desde los años 90's el barrio bravo, ha venido sufriendo una fuerte transformación sociocultural con la llegada de inmigrantes chinos y coreanos, que alcabo de unos cuantos años se han apoderado de gran parte de los comercios, edificios, casas y bodegas el rumbo, al grado de ser hoy, los asiáticos el grupo étnico predminante desde una perspectiva económica.  Se dice que más de 2 mil coreanos trabajan en la zona y que poseen el 50% de los comercios del barrio, lo que no es poca cosa. Muchos de ellos, por cierto informales e ilegales. Es tal el poder económico de la zona, que se considera que es uno de los barrio citadinos de más alto poder económico, cuestión que contrasta fuertemente con el evidente deterioro físico, ambiental y social que se percibe de inmediato al visitar el barrio. La existencia de bandas y pandillas se hace muy notoria apenas empieza a anochecer. la inseguridad se siente, se percibe en un ambiente que por las noches en nada se parece al colorido que se observa durante el día y a su frenética actividad diurna. Las noches son oscuras y solitarias, depiertan el miedo, llaman a la precaución. A solo unas cuantas calles de ahí, hacia el sur, esté el Zocalo capitalino, el alma misma de la República, con sus señoriales palacios y catedral, ahí el mundo es muy diferente. Aesa plaza desemoca la calle de de Francisco I Madero, ahora converida en andador peatonal, en donde la gente bonita transita despreocupada y alegremente. Es un ambiente totalmente diferente, un clima social que invita a pasear, a platicar, a quedarse y convivir, pese a que a ratos el tránsito de peatones es muy intenso. Es la otra cara de la moneda, nos recuerda, que todavía hoy hay clases sociales, y que uas cuantas cuadras dividen y separan a dos mundos que se miran irreonciliables

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