Desde el día de ayer se empezó a desmentir la noticia del suicidio de 50 indígenas rarámuris por parte de las auoridades del gobierno del estado de Chihuahua, así como por personas que trabajan en la sierra Tatahumara ayudándolos de muy diversas formas. Más allá de si la noticia fue falsa, logró un fuerte impacto en la opinión pública, llamando la atención sobre las terriblemente dolorosas condiciones en que viven los indígenas de aquella zona del norte del país, desde tiempos inmemoriales. Condiciones que se han visto agravadas por la incursión de narcotraficantes que buscan por aquella parte del territorio, lugares adecuados para la siembra de droga, y que amenazan a los indígenas hasta con la muerte si no cooperan con ellos trabajanddo la tierra o por lo menos les rentan sus tierras a precios mjucho muy bajos.
A sabiendas de que esto puede ser un asunto al que no se le preste atención sino por unos cuantos días, por lo menos en estos momentos se ha apresurado la llegada de ayuda de parte de particulares y del gobierno de la ciudad de México, no así hasta ahora por partede del gobierno federal, que curiosamente si donó 9 millones de pesos (o dólares) cuando el terremoto de Haití, pero que no puede dar un peso en favor de los que sufren una tragedia igual o pero en nuestro propio territorio nacional.
Esperemos que la ayuda siga fluyendo en beneficio de esos hermanos mexicanos que están padeciendo una de las peores desgracias, debido a la sequía, el intenso frio y a la incursión de las bandas de narcotraficantes. Hace falta más solidaridad, más trabajo, más apoyo para lograr que los Rarámuris puedan vivir con la dignidad propia que correspode a todo ser humano, por el simple hecho de serlo, independientemente de sus ideas religiosas, su étnia, su color de piel o cualquier otra factor discriminatorio. Ciertamente ayudarlos es ayudarnos a hacer una patria más justa y equitativa y es ayudarnos a llevar a la práctica de muchos valores que confesamos sólo de dientes para afuera.
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martes, 17 de enero de 2012
lunes, 16 de enero de 2012
Mueren 50 Rarámuris en Chihuahua por la vía del suicidio
El día de hoy nos amanecimos con la noticia de que 50 indígenas Rarámuris habían muerto por la vía del suicidio, debido a la hambruna que se ha desatado en la sierra Tarahumara donde habitan. La sequía y la falta de recursos para enfrentarla es el motivo de ese suicidio colectivo, que hoy ha conmovido la opinión púbica nacional. Su muerte llega justo unos días después de que el presidente Felipe Calderón se había negado a firmar una petición del Congreso para crear un fondo especial para enfrentar la sequía que azota a todo el norte del país, por supuestamente innecesario. Pero hoy los hechos confrontan de nuevo la posición presidencial y su insensibilidad. Ante la emergencia, el gobierno federal, como su contraparte estatal, han preferido la omisión y el silencio. Parece que la intención presidencial es dedicar el dinero de ese fondo vetado a gastos más superfluos de su conveniencia. 50 muertes por suicidio debido a la pobreza, el hambre, la marginación son otro pequeño daño colateral, según la óptica presidencial. Una vez más el presidente Felipe Calderón muestra uno de los lados más oscuros de su rostro. Así nos llene de carreteras, estelas de luz, y obras de ornato, hoy quedan para la historia de este país y de su sexenio 50 muertes más que jamás deberían de haber sucedido, bajo ninguna circunstancia. En este caso no se le puede achacar la muerte al narcotráfico, a los contrabandistas de armas, a los tratantes de personas, a la delincuencia, sino que éstas quedan como doloroso testimonio de lo que significa que los conservadores neoliberales (des)gobiernen al país. Quedan como prueba de lo que ha significado para la nación la destrucción del entramado social y del predominio del individualismo egoísta más grosero y grotesco de que se tenga memoria en México, fomentado y promovido por personas como Felipe Claderón.
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