Mostrando entradas con la etiqueta solidaridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta solidaridad. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de enero de 2012

Apoyo a los Rarámuris

Desde el día de ayer se empezó a desmentir la noticia del suicidio de 50 indígenas rarámuris por parte de las auoridades del gobierno del estado de Chihuahua, así como por personas que trabajan en la sierra Tatahumara ayudándolos de muy diversas formas. Más allá de si la noticia fue falsa, logró un fuerte impacto en la opinión pública, llamando la atención sobre las terriblemente dolorosas condiciones en que viven los indígenas de aquella zona del norte del país, desde tiempos inmemoriales. Condiciones que se han visto agravadas por la incursión de narcotraficantes que buscan por aquella parte del territorio, lugares adecuados para la siembra de droga, y que amenazan a los indígenas hasta con la muerte si no cooperan con ellos trabajanddo la tierra o por lo menos les rentan sus tierras a precios mjucho muy bajos.
A sabiendas de que esto puede ser un asunto al que no se le preste atención sino por unos cuantos días, por lo menos en estos momentos se ha apresurado la llegada de ayuda de parte de particulares y del gobierno de la ciudad de México, no así hasta ahora por partede del gobierno federal, que curiosamente si donó 9 millones de pesos (o dólares) cuando el terremoto de Haití, pero que no puede dar un peso en favor de los que sufren una tragedia igual o pero en nuestro propio territorio nacional.
Esperemos que la ayuda siga fluyendo en beneficio de esos hermanos mexicanos que están padeciendo una de las peores desgracias, debido a la sequía, el intenso frio y a la incursión de las bandas de narcotraficantes. Hace falta más solidaridad, más trabajo, más apoyo para lograr que los Rarámuris puedan vivir con la dignidad propia que correspode a todo ser humano, por el simple hecho de serlo, independientemente de sus ideas religiosas, su étnia, su color de piel o cualquier otra factor discriminatorio.  Ciertamente ayudarlos es ayudarnos a hacer una patria más justa y equitativa y es ayudarnos a llevar a la práctica de muchos valores que confesamos sólo de dientes para afuera.   

martes, 6 de diciembre de 2011

Cristianismo para los tiempos de hoy

Hace unos días, el canal 11 de televisión, perteneciente al Instituto Politécnico Nacional (IPN) presentó un programa sobre la historia del cristianismo en sus primeros siglos de existencia. En el programa se decía que una de las características de los cristianos, además de defender su fe religiosa con gran celo frente a las persecuciones de las autoridades del imperio romano, era su solidaridad con todos los que atravesaban un mal momento en sus vidas, ya fuera espiritual, material, económico, etc. Ayudaban por igual a los cristianos que a los no cristianos y así se ganaron el favor y la buena voluntad de mucha gente. Cuando posteriormente el cristianismo fue aceptada como la religión oficial del Imperio, por parte del emperador Constantino, mucho de esa solidaridad y apoyo a los necesitados y desprotegidos se empezó a perder, pues los cristianos ya no eran perseguidos, ni apresados, ni torturados, ni asesinados. Roma salió ganando con esa oficialización del cristianismo, pero éste último salió perdiendo. Muchos siglos después hoy nos encontramos con que para muchos cristianos, especialmente católicos, ese celo por apoyar al prójimo se ha perdido. Varias veces he oído a católicos quejarse amargamente de que ciertas iglesias evangélicas y protestantes, ganan adeptos, pues ayudan a la gente, dándoles de comer, o consiguiéndoles un techo bajo el cual dormir, o los ayudan a conseguir trabajo, y eso lo ven mal. Esos católicos ya olvidaron lo que las primeras comunidades cristianas clandestinas y marginales hacían, que era preocuparse por ganar almas tratando de resolver las problemáticas reales de cada persona que se acercaba a ellos. Se han olvidado que la práctica religiosa va unida a la solución de los problemas y necesidades de este mundo, si no, se convierte en predica muerta, vacía y sin sentido. Cierto que no todos los católicos actúan así, pero muchos sí, y se sorprenden de que ser seguidores de Cristo implique ser solidarios y apoyadores de los necesitados, hacerse corresponsables de los que sufren y padecen por enfermedades, falta de empleo, violencia intrafamiliar, delincuencia, etc. Creen equivocadamente que eso era de tiempos antigüos, no un asunto presente. Cristo dijo que si no le creían a él por sus palabras, lo hicieran por sus obras, con lo que indicaba claramente que el cristiano está llamado a la acción decidida para mejorar en la medida de sus posibilidades por lo menos a aquellos que están en su entorno inmediato. Comento esto porque a la luz de la profunda crisis por la que atraviesa México, de violencia, inseguridad, de pobreza económica y material, de falta de educación, uno de los primeros grupos llamados a actuar en favor de una sociedad más justa, equitativa y armónica, son los cristianos más allá de denominaciones y divisiones internas. Si algo se puede hacer por este país desde la religión cristiana, es recuperar ese afán de ayuda, esa preocupación solidaria por los demás, esa corrsponsabilidad por el destino de millones de seres humanos amedrentados y atemorizados, que también han caído en un vacío moral y en la desesperanza. Así lo hacían aquellas primeras comunidades cristianas, perseguidas y combatidas, pero llenas de fe, esperanza y caridad.
No basta pues, en estos tiempos con ir a misa o el servicio religioso, o dar la limosna y el diezmo, hay que ir al encuentro del necesitado sea  o no cristiano, se convierta o no al cristianismo en cualquiera de sus vertientes. Pues hay que reducir la violencia, el odio, el resentimiento, la desesperanza que hoy nos agobian, la explotación brutal económica, la imposición política disfrazada de democracia también. El cristiano no puede pretender ser ajeno a este mundo y a su realidad lacerante, muy por el contrario, debe participar de ella buscando sí salvar almas, pero también aliviando las necesidades materiales de este mundo. Un cristiano debe ir más allá de las diferencias de clase y de los prejuicios sociales, no se puede dar el lujo de permanecer comodamente aislado de la sociedad fingiendo que nada pasa y que si algo sucede no es su responsabilidad. Cristo no lo hizo, sus seguidores tampoco deben hacerlo.  Si como dice la Biblia y la predica, Jesús murió por cada uno de los seres humanos, no es admisible que el cristiano de hoy abandone su responsabilidad y su llamando a ser solidario con el prójimo. En un país donde casí el 83.5% de la población es católica y alrededor del 10% evangélica protestante, no pueden existir tanta violencia, delincuencia y corrupción, sin no es reconociendo el fracaso en la evangelización y la conversión,  y el fallo en convencer a la gente que la vía cristiana es el mejor camino  para una vida plena y satisfactoria. Esto es especialmente cierto para el catolicismo que fue la primera forma de cristianismo llegada a América. Así que este es un momento para una seria y profunda reflexión sobre el cómo se han hecho las cosas y sobre cómo afrontar el presente y el futuro venidero, pues los resultados no son precisamente alagüeños. Reflexión no sólo de las autoridades religiosas, de sacerdotes, monjas o pastores y ministros, no sólo de teólogos y académicos, sino de los creyentes en general. Hecha la misma hay que ponerse en acción decidida, solidaria y corresponsablemente.  El prójimo espera una respuesta rápida, eficaz de quienes se autodefinen como seguidores y discípulos de Cristo. Es momento en que la inercia que se viene acarreando desde tiempos de Constantino se deje de lado. Los pobres, los necesitados, los enfermos, los marginados así lo demandan con toda razón. No hay mejor predica que la acción ejemplar. Y muchos creyentes y no creyentes esperamos ese ejemplo práctico.