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martes, 6 de diciembre de 2011

Religión, moral social y sociedad

No es nuestra intención convertir este espacio en un lugar de prédica en favor o en contra de religión alguna, pues no somos ministros de culto, ni fieles de ninguna religión. Pero creo que hay que tocar el asunto de la religión en la medida en que esta influye en la vida económica, política, cultural, moral  y social de la sociedad. Se da por sentado que uno de los aportes fundamenlaes de toda religión es proveer un código moral para que los hombres puedan convivir, relacionarse, trabajar, estudiar, comerciar, etc. Un código moral que haga posible la vida en sociedad de manera más o menos pacífica y armónica, y con respeto a los demás. Si en ese sentido la religión falla, entonces realmente de poco sirve la misma.
En el caso de México, como el del mundo occidental en general, la religión cristiana es la religión mayoritaria y hegemónica, y habría que esperar de ella, que fuese capaz de promover una serie de valores morales en el sentido que hemos señalado. Debiera ser capaz de persuadir y convencer a la gente de laas virtudes de su código moral y de las consecuencias positivas que le traería a personas y grupos seguir en sus conducta dicho código moral. Pero desafortunadamente no es así y hemos llegado a una situación de parálisis moral, de relativismo, que esta minando la sociedad y carcomiendo el tejido social. Y si bien la religión cristiana no tiene toda la responsabilidad y culpa de dicho fenómeno, no puede negarse que tiene un alto porcentaje de responsabilidad en tal hecho. Muchaas veces, especialmente el cristianismo católico se ha hecho el disimulado con su responsabilidad de cuidar de su grey, de orientarla y conducirla. Otras, en una actitud defensiva irracional, se ha negado a reconocer los signos de los tiempos y se ha negado a cambiar. Y no se trata, como a veces denuncian los prelados, de que renuncien a sus más caros valores y principios, pero sí a que sepan adaptarse a los tiempos y usen las modernas armas de la comunicación para llegar de manera más eficiente con su mensaje a la ciudadanía, especialmente a aquella parte del pueblo más golpeada en lo espiritual y en lo económico y material que es la más necesitada de apoyo y de una mano solidaria. Como ya anticipabamos en nuestra participación anterior, no basta con ofrecer misas sino que hay que actuar decidida y responsablemente a partir del amor y la corresponsabilidad.Y ahí, el cristianismo católico ha fracasado. Y no es cualquier fracaso, es uno mayúsculo pensando en que la Iglesia Católica tien control directo sobre un número muy grande de escuelas que van desde la preprimaria hasta universidades, así que oportunidades para hacer llegar su mensaje no le faltan, lo que ha fallado es la estrategia, aunque tal vez de lo que se trata es de ausencia de una estrategia de educación y comunicación efectiva. No menos importante, en la determinación de las causas del fracaso del cristianismo son los escándalos producidos por algunos sacerdotes por pederastía, homosexualidad y una ilegítima actividad sexual que produce muchas madres solteras y "sobrinos" que las más de las veces quedan desprotegidos. Con semejantes errores no es difícil explicarse que cada día más fieles se salgan de la iglesia católica a buscar otras alternativas o de plano renuncien a pertenecer a una igesia cristiana. Así que hay que llamar la atención sobre la urgente necesidad de que la iglesia católica y otras evangélicas protestantes no exentas de problemas similares hagan una autocrítica de fondo y se planteen nuevas alternativas de acción tanto en el ámbito de la evangelización, como en le terreno de la vida mundana, dos campose en relalidad inseparables en la vida  real.
Considerando la necesidad de una vida espritual para la persona humana, necesidad tan básica e importante como la satisfacción de las necesidades corporales y sociales, el cristianismo tiene que cambiar su actitud. No es negando la realidad, no es ocultando sus graves fallos, no es protegiendo a delincuentes disfrazados de sacerdotes, ministros o pastores, no es asumiendo una actitud conservadora a ultranza, como va a lograr el cristianismo evangelizar y ganar almas. Los cristianos deben imitar a aquellas primeras comunidades cristianas que aun siendo perseguidas y combatidas ferozmente, no renunciaron a llevar su mensaje atendiendo a cuanta persona requirio de su ayuda fuera espiritual o material, fuera o no creyente el solicitante. Es lo menos que se le puede pedir a una iglesia que incluye a más del 90% de los pobladores del país incuyendo tanto a católicos, como anglicanos ortodoxos, protestantes y evangélicos y las nuevas sectas.
Desde una perspectiva laica, sería ideal una moral igualmente laica, en la que quienes tienen  religión o carecen de ella tuvieran cabida, pero dado el peso enorme del cristianismo, no se puede evitar que esta religión ejerza su influencia. Lo que hay que evitar es que esa influencia se vuelva tan grande que se convierta en religón oficial, en paradigma único, en moral indiscutible, en verdad absoluta. Un régimen liberal como el que se ha pretendido instaurar en México, requiere una defensa de la pluralidad de pensamiento y creencias, así como de libertad de expresión y difusión, en el marco de esas libertades, bienvenidos los aportes cristianos, igual que los musulmanes, así como de las filosofías ateas. De lo que se trata es de que la sociedad no se nos desmorone entre las manos debido a la pérdida de una moral social. Ésta es hoy muy necesaria para combatir los flegelos de la delincuencia, el narcotráfico, los secuestros, la trata de personas, la violencia en todas sus formas y variantes, la intolerancia, el autoritarismo, la impunidad ... el vacío moral. Sin un talante ético en la sociedad, no queda sino precipitarse en la decadencia  y eventualmente la autodestrucción. Así que no se trata de un asunto menor.       

Cristianismo para los tiempos de hoy

Hace unos días, el canal 11 de televisión, perteneciente al Instituto Politécnico Nacional (IPN) presentó un programa sobre la historia del cristianismo en sus primeros siglos de existencia. En el programa se decía que una de las características de los cristianos, además de defender su fe religiosa con gran celo frente a las persecuciones de las autoridades del imperio romano, era su solidaridad con todos los que atravesaban un mal momento en sus vidas, ya fuera espiritual, material, económico, etc. Ayudaban por igual a los cristianos que a los no cristianos y así se ganaron el favor y la buena voluntad de mucha gente. Cuando posteriormente el cristianismo fue aceptada como la religión oficial del Imperio, por parte del emperador Constantino, mucho de esa solidaridad y apoyo a los necesitados y desprotegidos se empezó a perder, pues los cristianos ya no eran perseguidos, ni apresados, ni torturados, ni asesinados. Roma salió ganando con esa oficialización del cristianismo, pero éste último salió perdiendo. Muchos siglos después hoy nos encontramos con que para muchos cristianos, especialmente católicos, ese celo por apoyar al prójimo se ha perdido. Varias veces he oído a católicos quejarse amargamente de que ciertas iglesias evangélicas y protestantes, ganan adeptos, pues ayudan a la gente, dándoles de comer, o consiguiéndoles un techo bajo el cual dormir, o los ayudan a conseguir trabajo, y eso lo ven mal. Esos católicos ya olvidaron lo que las primeras comunidades cristianas clandestinas y marginales hacían, que era preocuparse por ganar almas tratando de resolver las problemáticas reales de cada persona que se acercaba a ellos. Se han olvidado que la práctica religiosa va unida a la solución de los problemas y necesidades de este mundo, si no, se convierte en predica muerta, vacía y sin sentido. Cierto que no todos los católicos actúan así, pero muchos sí, y se sorprenden de que ser seguidores de Cristo implique ser solidarios y apoyadores de los necesitados, hacerse corresponsables de los que sufren y padecen por enfermedades, falta de empleo, violencia intrafamiliar, delincuencia, etc. Creen equivocadamente que eso era de tiempos antigüos, no un asunto presente. Cristo dijo que si no le creían a él por sus palabras, lo hicieran por sus obras, con lo que indicaba claramente que el cristiano está llamado a la acción decidida para mejorar en la medida de sus posibilidades por lo menos a aquellos que están en su entorno inmediato. Comento esto porque a la luz de la profunda crisis por la que atraviesa México, de violencia, inseguridad, de pobreza económica y material, de falta de educación, uno de los primeros grupos llamados a actuar en favor de una sociedad más justa, equitativa y armónica, son los cristianos más allá de denominaciones y divisiones internas. Si algo se puede hacer por este país desde la religión cristiana, es recuperar ese afán de ayuda, esa preocupación solidaria por los demás, esa corrsponsabilidad por el destino de millones de seres humanos amedrentados y atemorizados, que también han caído en un vacío moral y en la desesperanza. Así lo hacían aquellas primeras comunidades cristianas, perseguidas y combatidas, pero llenas de fe, esperanza y caridad.
No basta pues, en estos tiempos con ir a misa o el servicio religioso, o dar la limosna y el diezmo, hay que ir al encuentro del necesitado sea  o no cristiano, se convierta o no al cristianismo en cualquiera de sus vertientes. Pues hay que reducir la violencia, el odio, el resentimiento, la desesperanza que hoy nos agobian, la explotación brutal económica, la imposición política disfrazada de democracia también. El cristiano no puede pretender ser ajeno a este mundo y a su realidad lacerante, muy por el contrario, debe participar de ella buscando sí salvar almas, pero también aliviando las necesidades materiales de este mundo. Un cristiano debe ir más allá de las diferencias de clase y de los prejuicios sociales, no se puede dar el lujo de permanecer comodamente aislado de la sociedad fingiendo que nada pasa y que si algo sucede no es su responsabilidad. Cristo no lo hizo, sus seguidores tampoco deben hacerlo.  Si como dice la Biblia y la predica, Jesús murió por cada uno de los seres humanos, no es admisible que el cristiano de hoy abandone su responsabilidad y su llamando a ser solidario con el prójimo. En un país donde casí el 83.5% de la población es católica y alrededor del 10% evangélica protestante, no pueden existir tanta violencia, delincuencia y corrupción, sin no es reconociendo el fracaso en la evangelización y la conversión,  y el fallo en convencer a la gente que la vía cristiana es el mejor camino  para una vida plena y satisfactoria. Esto es especialmente cierto para el catolicismo que fue la primera forma de cristianismo llegada a América. Así que este es un momento para una seria y profunda reflexión sobre el cómo se han hecho las cosas y sobre cómo afrontar el presente y el futuro venidero, pues los resultados no son precisamente alagüeños. Reflexión no sólo de las autoridades religiosas, de sacerdotes, monjas o pastores y ministros, no sólo de teólogos y académicos, sino de los creyentes en general. Hecha la misma hay que ponerse en acción decidida, solidaria y corresponsablemente.  El prójimo espera una respuesta rápida, eficaz de quienes se autodefinen como seguidores y discípulos de Cristo. Es momento en que la inercia que se viene acarreando desde tiempos de Constantino se deje de lado. Los pobres, los necesitados, los enfermos, los marginados así lo demandan con toda razón. No hay mejor predica que la acción ejemplar. Y muchos creyentes y no creyentes esperamos ese ejemplo práctico.