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martes, 21 de febrero de 2012

El humanismo panista

El Partido Acción Nacional (PAN) se ha autodefinido como un partido humansita. Si entendemos por humanismo poner en primer lugar al ser humano y sus más altos valores morales y cívicos, el bien personal y colectivo, que elos llaman bien  común, no se puede entender porque, prácticamente en todos los ámbitos de la vida social, el PAN con su acciones visión neoliberal y tecnócrata ha puesto en un lugar secundario ala persona y a las diversas colectividades y grupos. Sencillamente es incomprensible porque ese partido y los gobernantes y administradores que de él ha salido, han preferido priorizar al capital, especialmente el trasnacional, por sobre los mexicanos. Ha preferido dar preferencia a la vía violenta para resolver los problemas de delincuencia organizada y no organizada y las cuestiones del narcotráfico. A todas vistas hay una contradicción enorme entre sus postulados doctrinales y sus acciones reales y concretas. Hay también una cotradicción histórica profunda entre aquel viejo PAN que buscaba la democracia, la protección de los derechos fundamentales del hombre, el respeto a la persona humana, y la cazería brutal de delincuentes en la que miles de inocentes han perdido sus vidas. Frente al humanismo de dientes para afuera del blaquiazúl están los abusos del poder público, las balas, las granadas, la muerte. La muerte de más de 50 mil muertes reconocidas, más todas aquellas que permanecen en la oscuridad de las fosas comunes y que se quiere permanezcan ahí hasta el olvido, pues se sabe bien de la desmemoria del pueblo mexicano. Hoy Felipe Calderón habla de reconstruir a México, cuando él ha sido una de sus principales agentes de demolición. Lo que el señor presidente no ha calculado es que él ha llevado al descrédito no sólo a su administración, sino a su porpio partido. Y hoy, amplios sectores de la sociedad que se declaraban panistas, de lo que menos quieren saber es de Calderón, su gobierno y su partido. El humanismo panista ha bañado a México de sangre inocente que desde las tumbas clama al cielo justicia, y ciertamente no es el panismo el que se las va a dar. Es el momento de nuevas alternativas, de convocar a la sociedad mexicana a buscar nuevos caminos para regresar a la paz, a la estabilidad a la equidad. Y aun más, a alcanzar niveles superiores de desarrollo, que no de sólo crecimiento económico. Este llamado incluye panistas honestos y decentes, de buena fe, bien intencionados, que creen realmente en que México puede ser una patria mejor para todos, no sólo para la raquítica clase media en decadencia o la alta burguesía.  Es el momento también de acabar con la simulación, las verdades a medias, las mentiras, que han sido parte del discurso diario de Calderón y muchos de sus funcionarios. El gran problema del PAN es quitarse de encima los más de 50 mil muertos que ahora, gracias a Calderón cargan en sus espaldas, ¿podrán? Y eso sin considerar los 12 años de gestión panista que frenaron y retrasaron el progreso de México con una política económica favorable al capital extranjero y la burgesía local.       

martes, 14 de febrero de 2012

Evaluación de Felipe Calderón y su gobierno

En fechas recientes han salido a la venta en le mercado varias revistas y libros en los que ya se evalúa al actual presidente de México, Felipe Calderón, y su gestión en los pasados 5 años. Y la verdad sea dicha, el presidente Calderón no sale nada bien parado. El descontento frente a su administración se generaliza, en sectores tanto progresistas de la sociedad, como en los círculos conservadores, que en principio lo apoyaron y que hoy decepcionados prefieren voltear para otro lado. Y no es para menos, Felipe Calderón, no supo o no quizo oír a la sociedad. Se empecinó en una serie de ideas y manera de hacer las cosas, sin escuchar otras posibles alternativas, y su fracaso es del todo evidente. Mentiras, verdades a medias, simulación, necedad, empecinamiento, la parcialidad, los odios infundados y gratuitos, han caracterizado la gestión calderonista. Don Felipe tampoco tuvo el talento para elegir a sus funcionarios más cercanos de alto nivel. El cuatachismo y el parentesco se impusieron por encima de la razón y la capacidad de sus colaboradores.  Y para colmo de males, fue bastante poco hábil a la hora de querer meter las manos para influir en la designación del candidato de su partido a la presidencia de la República. Detrás de Calderón queda una muy larga lista de poyectos fracasados, obras inconclusas, de ienptitud y corrupción. Y, peor aún una enorme lista de muertos, heridos, torturados, desaparecidos y desplazados, considerados groseramente como "daños colaterales", por su torpe enfoque para combatir a la delincuencia organizada y el narcotráfico.  Haber construido muchos kilómetros de carreteras no es suficiente para tapar el sinnúmero de errores cometidos en su gestión en sus ya más de 5 años de ejercicio administrativo. Él se va en meses, pero deja un país mucho muy deteriorado, semidestruído, deprimido, moralmente vencido, que futuras adminisraciones deberán tratar de levantar del suelo y reconstruirlo, claro, siempre que cambien el rumbo. Y ahí el panorama está también muy enegrecido, pues ni Peña Nieto (PRI), ni la Sra. Vázquez Mota (PAN) parecen tener proyecto alternativo alguno, sino más bien dan la impresión de que bajo su administración, todo seguirá igual.
Sólo queda la alternativa de la izquierda que encabeza Andrés Manuel López Obrador, como posibilidad de cambio, por reducido y limitado que este pueda ser. Un proyecto de gobierno que puede intentar cambiar el rumbo del país y sobre todo dejar construidas las bases para que siguientes gobiernos construyan una nación más justa, equitativa, pacífica enfocada en el progreso, la reducción de las abismales diferencias sociales, económicas, políticas y culturales que hoy nos abruman. Pero para que un proyecto de nación progresista avance es necesaria la colaboración de los distintos sectores de la sociedad, de la participación de la sociedad civil. No se puede pensar ya que al gobierno le toca hacerlo todo, mientras la ciudadanía se sienta a esperar, eso ya no es ni viable ni deseable.
El cambio debe ser encabezado por la ciudadanía en acuerdo con un nuevo gobierno progresista, pues si no sucede así, el peligro de acentuar el deterioro de la nación es muy grande. El reto es gobernar para el pueblo con el pueblo y eso significa que todos los sectores de la sociedad colaboren para sacar adelante a nuestra patria, desde el más humilde de los trabajadores hasta el más encumbrado empresario o funcionario público. Con Calderón se debe cerrar el perverso ciclo del proyecto apátrida neoliberal y tecnócrata.